Toxic {Oneshot} {Capítulo único}

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Toxic por niteowlss. (c) Poster CeCe.
Eli x Kevin / Oneshot / Yaoi / +18 / AU – Fantasía – Sobrenatural
Advertencias:
ninguna
Disclaimer: UKISS no me pertenece. Sin ánimos de lucro, solo entretener.
N/A: Ya tenia tiempo con esta idea rondándome en la cabeza, pero por falta de tiempo no había podido desarrollarla, así que aproveche esta oportunidad.

Paola Lizeth, este oneshot es para ti. Ojala te guste, y si estas leyendo esto, me gustaría saber que te pareció ^^

I. Toxic

Pasaba de la media noche. Eli caminaba por el oscuro callejón a tientas, no podía ver nada y siempre temía que algo saliera mal. Había sido cuidadoso, como siempre, de que nadie lo viera entrar ahí, pues sabía que si eso llegaba a pasar, sería el fin de su vida como la conocía.

Giró a la derecha en la última esquina antes de topar con el muro que le impedía seguir caminando hacia el frente; la luz amarillenta lo cegó por un segundo y parpadeó para acostumbrarse a ella; no era muy intensa, pero haber caminado varios minutos por la oscuridad tenía sus desventajas. Se detuvo frente a la oxidada puerta metálica y suspiró, aun no lograba entender por qué era que siempre dudaba si ya estaba más que acostumbrado a ese lugar, lo visitaba prácticamente todas las noches desde hacía cinco años.

Tal vez era por la expectativa de que lo vería de nuevo; desde un principio fue advertido y sabía que no podía enamorarse, pero lo hizo sin poder evitarlo, terminó enamorándose del chico de cabello rubio y ojos misteriosos que se encargaba de acompañarlo todas las noches. Tenía más que claro que ya no lo hacía por gusto: solo quería verlo, tenerlo cerca, respirar su aroma y sentir la suavidad de su piel.

Golpeo tres veces la puerta y un segundo después un par de ojos se asomaron por la pequeña rendija que esta tenia; pasaron unos minutos antes de que un hombre alto y robusto la abriera. Lo observó por un momento y finalmente sonrió, haciéndose a un lado para dejarlo pasar.

Caminaba lentamente, observando de nuevo todo lo que sucedía en ese lugar; le parecía repugnante hasta cierto punto, pero no podía quejarse porque después de todo, él ahora era parte de todas esas personas. El silencio reinaba en el lugar, no había música, nadie hablaba y sobre todo, nadie se atrevía a mirar a la persona que tenían al lado. Decidió ignorar todo, incluso las voces que escuchaba murmurando su nombre; tampoco le sorprendía, después de todo, era la única persona autorizada para acercarse a él. En muchas ocasiones le había causado problemas, pero eso era lo menos importante cuando poseía tal privilegio.

Se detuvo frente a otra puerta de metal, más chica y gruesa que la primera y custodiada por dos hombres también más grandes y robustos que el primero. Cerró los ojos y espero a que estos lo revisaran de pies a cabeza, nunca se podía estar lo suficientemente seguro. Cuando finalmente lo dejaron pasar, esa mujer a la que conocía a la perfección pero con la que nunca había dirigido una palabra, le sonrió levemente y con una seña lo invito a seguir caminando.

Ella se detuvo repentinamente ante la cortina de color negro que dividía el pasillo de la habitación y se despidió de Eli con una reverencia. Asintió para sí mismo y removió la cortina; el ambiente de la habitación a media luz lo hizo sentir como en casa, el dulce olor atrapo sus sentidos y la expectativa de lo que pasaría después le aceleraba el corazón.

Se sentó en la orilla de la cama y comenzó a jugar con sus manos, siempre se ponía nervioso, pero cuando él aparecía todo se calmaba, el ambiente parecía relajarse aún más, como si nada pudiera salir mal, como si lo que estaba haciendo en ese momento fuera correcto. Una corriente de aire frío le recorrió el cuerpo y lo hizo estremecer, eso solo podía significar una cosa…

—Llegas tarde —su profunda voz pareció atravesarle el cuerpo e instalarse en su pecho. Un momento después sintió como una mano fría se posaba sobre su hombro y le recorría el pecho hacia abajo.

—Lo siento, yo…

—No importa, ya estás aquí —murmuró en su oído, dejando después un beso detrás de la oreja de Eli, haciéndolo estremecer de nuevo.

Se alejó de él y caminó hacia el otro lado de la habitación, acercándose a una de las mesitas de noche junto a la cama. Eli lo observó, su vestimenta negra y ajustada siempre lo dejaba apreciar las hermosas curvas de su cuerpo y de tan solo imaginar lo que harían después, su cuerpo comenzaba a despertar.

Espero pacientemente a que Kevin se acercara a él nuevamente, aunque su cuerpo le pedía que saltara sobre él rubio y lo devorara a besos, sabía que lo más sabio era esperar y así lo haría.

—Cierra los ojos —dijo Kevin y Eli obedeció. Pronto sintió la presencia gélida del rubio más cerca y su aliento frío chocar contra su mejilla.

Kevin deslizó sus dedos cerca de la nariz del pelinegro. Eli aspiró el dulce aroma que estos desprendían y sintió como su cuerpo comenzaba a relajarse y su mente a ponerse en blanco, ahora lo único en lo que podía pensar era en Kevin, aunque realmente no necesitaba de una droga sobrenatural para que eso sucediera; los dedos del rubio se deslizaron por su pecho, al mismo tiempo que los botones de su camisa iban desabrochándose uno a uno.

Eli abrió los ojos, tenía que verlo y le resultaba bastante difícil despegar los ojos de aquel par de orbes color miel que parecían hipnotizarlo. No lograba entender como era que un ser tan despreciable para el resto del mundo, podía tener unos ojos tan puros y dulces; estaba consciente de que era una ilusión y probablemente él era el único capaz de verlo de esa forma.

—Kevin…

—No digas nada —murmuró el rubio, acomodando uno de sus dedos sobre los labios del pelinegro.

Kevin se alejó y lentamente comenzó a desvestirse ante la ahora mirada expectante de Eli; le resultaba casi insoportable el hecho de tener que verlo y no poder tocarlo, pero conocía las reglas y al menor error todo podía terminar, y aunque Kevin era un ser completamente impredecible, podía presumir de ser la única persona que lo conocía mejor que a sí mismo.

Las manos de Kevin se acomodaron sobre su pecho y deslizó la camisa de Eli sobre sus brazos para deshacerse de ella. Eli sentía como su respiración empezaba a fallarle, sabía que era por el efecto de la droga, pero también sabía que el tacto de Kevin tenía mucho que ver. El rubio se sentó sobre sus piernas y se acercó, Eli volvió a cerrar los ojos y esperó, pronto sintió los fríos labios de Kevin rozarle los suyos; un escalofrío le recorrió la espalda y su cuerpo se estremeció antes de que el leve roce de sus labios se convirtiera en un beso real, salvaje y apasionado.

Kevin le mordía el labio con fuerza y succionaba al mismo tiempo, mientras que sus caderas se encargaban de crear un vaivén y hacer fricción entre sus miembros. Eli gimió levemente, causando que los dientes afilados de Kevin se clavaran con más fuerza en la ya delicada piel de sus labios, provocando finalmente que estos sangraran. Kevin sonrió en medio del beso y se separó un poco, solo para deslizar su lengua por la herida; cerró los ojos y suspiró, saboreando la sangre del pelinegro. Un gemido se escapó de su boca y volvió a besarlo.

Eli deslizaba sus manos por la piel desnuda del rubio, deleitándose con su suavidad y sintió como poco a poco la entrepierna de Kevin iba endureciéndose, al igual que la suya. Eran esos momentos cuando ya no soportaba unos simples roces. Kevin lo empujó hasta recostarlo sobre la cama de nuevo y de sus labios bajo a su cuello, en donde se dedicó a morder y lamer por unos segundos, dejando marcas rojizas que segundos después pasaban a ser unas pequeñas manchas negras. Eli estaba acostumbrado a ellas y sabía perfectamente como esconderlas, era por eso que no le preocupaban. Además de que solo significaban una cosa: su cuerpo era propiedad de Kevin y nadie más podía tocarlo.

Bajó hacia su pecho, la sensación de la lengua caliente y el aliento frío del rubio creaban un sentimiento que aún no lograba identificar, se instalaba en su estómago y no era capaz de deshacerse de el. Kevin se detuvo al llegar al borde del pantalón y deslizo su lengua sobre la piel, haciendo que un gemido se escapara de la boca de Eli. Pronto sus pantalones también desaparecieron y ciertamente agradecía que Kevin no fuera de los que se andaban con juegos, se llevó su pene directamente a la boca; Eli gruñó y sus manos se apretaron a la sabana color gris que cubría la cama. La lengua del rubio se deslizaba por toda su extensión, deteniéndose en la punta solo para succionar un poco y después continuar acariciando con sus labios la entrepierna del pelinegro.

La espalda de Eli se arqueaba ante cada succión, los nudillos de sus manos pasaban de un color rojizo a ser blancos en segundos debido a la fuerza con la que apretaba las manos en las sabanas. Las caricias de Kevin siempre eran más de lo que podía soportar, pero lo que estaba sintiendo en ese momento no se podía comparar con nada que hubiera sentido antes. Con Kevin era siempre así, y le gustaba ignorar el hecho de que Kevin no era humano y que era capaz de crearle sensaciones extraordinarias con un simple roce; le gustaba imaginar que lo que pasaba entre ellos cada noche era real, que Kevin lo quería y estaba tan enamorado como él, pero la realidad era dolorosa: Kevin no podía amar. La dulzura reflejada en sus ojos color miel y esa sonrisa llena de ternura con la que en cada ocasión se despedía, no eran más que una trampa, una ilusión que desaparecía cuando esa puerta de metal se cerraba a sus espaldas cada madrugada.

El hilo de sus pensamientos se vio interrumpido cuando sintió al rubio detener el movimiento de su lengua; abrió los ojos, encontrándose con él frente a frente y esa tenebrosa sonrisa dibujada en sus labios, lo estremeció. Sus labios se unieron de nuevo y fue capaz de probar su propio sabor, pero con la diferencia de que en los labios de Kevin el sabor amargo y desagradable se iba, dándole paso a un delicioso sabor a frutas.

—Hazme tuyo —murmuró Kevin en su oído, para después lamer su piel. Eli gimió y sin pensarlo dos veces lo tomó por la cintura, girándose sobre la cama en un solo movimiento, dejando a Kevin ahora debajo de él.

—No me lastimes esta vez —pidió Eli, pegando su frente a la del rubio, sintiendo como ahora esta ardía.

—Nunca haría eso —respondió Kevin en voz baja, acomodó su mano sobre la mejilla de Eli y sonrió dulcemente, dejando un corto besos sobre sus labios.

Eli asintió, pero recordó la última vez que habían estado juntos: Kevin se había salido de control sin razón alguna y con su piel ardiendo había dejado quemaduras sobre la suya. El dolor había sido insoportable y para cualquier otra persona, esas quemaduras hubieran significado cicatrices de por vida, pero él no era cualquier otra persona, él se acostaba todas las noches con un demonio.

Comenzó a moverse pausadamente con la finalidad de crear un poco más de fricción entre sus miembros, sabía que Kevin no necesitaba preparación y eso resultaba una ventaja. Lentamente se introdujo en él, más por placer suyo que del mismo Kevin; le gustaba sentir la tibieza de la piel del rubio rodearlo por completo, abrumarlo hasta el punto de impedirle pensar con claridad. Y entonces comenzó a embestir lentamente, disfrutando de la sensación; miro a Kevin cerrar los ojos y sonreír, hecho la cabeza hacia atrás y sus labios se entreabrieron, dejando al descubierto sus afilados dientes.

—Kevin —dijo Eli con voz ronca, ahogando sus  propios gemidos en el cuello del rubio.

—Eli —gimió el rubio —, más rápido —ordenó Kevin con un gruñido y Eli obedeció, aumentando la rapidez de sus embestidas.

Las piernas de Kevin se enrollaron en su cintura, ayudándole también a aumentar la velocidad de sus movimientos. Las uñas del rubio habían pasado de ser de un tenue color rosado a ser de un negro intenso, y de las suaves caricias a clavarse en la piel de su espalda, haciéndolo sangrar. Kevin gemía descontroladamente, su espalda se arqueaba y los gruñidos emitidos de su boca hacían eco en la habitación. Mostraba sus dientes y Eli sabía lo que eso significaba, Kevin no estaba muy lejos de terminar.

Una leve risilla retumbo en la habitación y sus labios fueron atrapados por los de Kevin. Un par de gemidos más se ahogaron en el interior de su boca hasta que finalmente Kevin levanto sus caderas, un espasmo le recorrió el cuerpo, haciéndolo retorcerse en la cama y un grito se escapó de sus labios. Kevin abrió los ojos de golpe, ya no eran color miel, sino de un intenso y profundo color negro, brillantes como el sol reflejado en el agua y llenos de misterios que sinceramente, Eli no quería revelar.

Eli finalmente terminó en el interior del rubio y con la respiración agitada, dejo caer su cuerpo empapado en sudor sobre el intacto cuerpo de Kevin, no había una sola gota de sudor en él y su cabello seguía perfectamente acomodado, al igual que su respiración, que nunca se alteraba. Eli sonrió y sintió como las manos de Kevin se deslizaban sobre su cabello, acariciándolo con dulzura; levantó la cabeza para mirarlo y justo en ese momento, sus ojos terminaban de cambiar de color, pasando de un color verdoso a su usual color miel.

—Así me gustan más —dijo Eli, acercándose un poco más para besarlo.

—Mmm —gimió Kevin al sentir la aun sangre fresca hacer contacto con sus labios.

—Puedes hacerlo —murmuró Eli, ofreciéndole su brazo. Kevin negó con la cabeza y gentilmente acarició la extensión del brazo del pelinegro con sus dedos.

—Si lo hago ahora podría matarte —respondió, dejando un beso sobre la palma de la mano de Eli.

Eli sonrió con sarcasmo, en ocasiones Kevin se comportaba como si realmente existiera algún tipo de sentimiento en él, como si realmente todos sus actos nacieran de algún lugar más profundo que su frío interior. Había momentos en los que Eli tenía la sensación de que aun después de todo, en algún lugar muy en el fondo del rubio, aún quedaba algo de humanidad y podía llegar a quererlo, pero después se sentía estúpido, tenía que alejar esos peligrosos pensamientos.

Se levantó con pesadez de la cama y comenzó a vestirse, estaba por amanecer y era momento de irse. Kevin lo observaba atentamente desde la cama, le fascinaba la forma tan natural con la que Eli se movía; lo torpe de sus movimientos lo hipnotizaban y sin darse cuenta lo hacían sonreír. Sus ojos tan puros y libres de maldad creaban una sensación de calidez en su interior, la cual se veía obligado a deshacerse de ella inmediatamente, eso era algo que ya no podía soportar y tener sentimientos era un lujo que no podía volver a darse.

—Volveré mañana —dijo Eli, fijando sus ojos en los de Kevin y acomodando su mano sobre su delgada cintura.

—Por supuesto que lo harás —respondió el rubio, enrollando sus brazos alrededor del cuello del pelinegro mientras lo observaba con fascinación y uniendo sus labios por última vez esa noche —. Vete —dijo rápidamente al separarse, pues de seguir estaba seguro de que terminaría de nuevo con él en la cama. Eli asintió y salió de la habitación, dejándolo solo.

Kevin caminó lentamente hacia la pequeña y única ventana en la habitación y esperó a que Eli saliera del lugar. Lo observó alejarse a paso apresurado; eran esos momentos en los que se sentía confundido, y se preguntaba si realmente podía llegar a sentir algo por un humano de nuevo, ¿podía Eli ser diferente?

Eli miró hacia atrás por un segundo y sonrió. Apresuro más el paso, el sol comenzaba a asomarse y no quería estar cerca de ese lugar cuando eso sucediera.

¿Cómo es que había llegado a ese lugar? No lo recordaba.

¿Por qué de entre todas las personas que estuvieron ahí ese día, Kevin lo había elegido a él? No estaba seguro de si realmente esa pregunta tenía una respuesta.

Pero había una cosa de la que si estaba seguro, no se detendría ahí. Dejaría a Kevin decidir su final.

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13 comentarios en “Toxic {Oneshot} {Capítulo único}

  1. Enserio que no es justo que se quede en one shot, quisiera saber de quien se enamoro Kevin y si aceptara los sentimientos de Eli, eishhhh esto es demasiado para mi u,u
    exactamente que es Kevin…? Tan solo deberia de haber un cap mas xc… es tan estresante imagknarte el final cuando ni sabes mucho Y.Y

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