Still Yesterday {Capítulo dos}

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Disclaimer: Choi MinHo no me pertenece, lo hace a sí mismo y a su compañía. La historia y trama son míos en totalidad, a excepción de los hechos históricos.

Notas de la autora: Sinceramente subí el capítulo antes de lo que tenía pensado. Gracias por sus comentarios y su apoyo, de verdad lo aprecio muchísimo. Este fin de semana es el infierno universitario para mí, tengo muchísimo trabajo, pero como me han dicho: “Ahh, pero querías ser psicóloga”. Sí, qué le vamos a hacer. A chambearle se ha dicho. Espero que les guste y que la melancolía que envuelve a este fic no termine por amargarlas y salir corriendo de aquí.

Cuando el Sol salía y mostraba su tibio resplandor, SunHee se llenaba de toda la energía y buenos pensamientos que éste otorgaba. El comienzo de un nuevo día significaba esperanza y otra posibilidad del regreso de MinHo.

Pensaba que así como había la seguridad de que el Sol aparecería en el horizonte, en algún momento le vería llegar andando sobre sus largas piernas, con el paso seguro y jovial de quien está dispuesto a afrontar las luchas continuas. En su rostro la sonrisa de quien sinceramente adora la vida y no está dispuesto a dejarse rendir. Sus ojos brillantes y llenos de juventud y determinación.

Llegaría el día en que su MinHo volvería y todo sería como antes.

Pero al acercarse la noche, la oscuridad le envolvía el corazón y lo hundía en un amargo sufrimiento que le apretaba cada parte de sí, cortándole la respiración, rompiéndole una a una las costillas, nublándole la vista y sumiéndole en la desesperación.

La tristeza de comprender que tampoco ese día fue el Día, y que nuevamente estaría sola en su cama una vez más, le hacía desear no despertar sino hasta que definitivamente regresara. Solamente ese día. Oh, Dios. Lo anhelaba. Le extrañaba al punto de sentir que la vida se hacía larga e interminable, indeseable y gris. ¿Qué mal había hecho en otra vida para estar pagando sus errores con esta agonía?

Había quien comentaba que SunHee era como el cielo. Algunos días despejada, brillante y con una sonrisa en los labios; siendo cantarina, animándose a la espera del que se había ido. Otros días llena de dudas, oscura y confundida por las nubes que teñían su conciencia y la envolvían en una locura que desconocía al tiempo y a todos.

Su mamá se encontraba preocupada por la situación que estaba viviendo. Cuando iba a visitarles le insistía en vivir con ellos, pero no quería hacerlo. No podía perder su casa ni deseaba que algo malo le pasara. Allí estaban los rosales que MinHo le había regalado y que ambos plantaron en una tarde llena de risas y caricias suaves.

En cambio, su papá era un hombre seco, machista y demandante; a veces frío y cruel con sus palabras. Jamás le había gustado MinHo y mucho menos después de marcharse.

—Yo no sé qué es lo que esperas viviendo sola— comentaba repetidamente—. Una mujer como tú no puede mantener sin la ayuda de un hombre. Morirás de hambre como cualquier otra sirvienta en estos tiempos— decía mientras masticaba la comida que se llevaba a la boca.

SunHee le rogó a Dios que le diera paciencia y comprensión. Nadie lograba entender el gran amor que sentía por MinHo, mucho menos su padre.

—No moriré de hambre. Gano lo suficiente para mantenerme. La casa es pequeña así que no requiere muchos gastos, padre— evitaba mirarlo, podía adivinar su ceño fruncido y su mirada férrea.

—¡Y todavía presumes de una casa chica! Jamás creí que mi única hija se fuera a casar con el sirviente de un maldito Japonés. Pero eres una libertina, jamás hiciste caso de lo que tu madre y yo te decíamos. Decidiste casarte con ese mequetrefe que no hace otra cosa bien que cortar hierbas— azotó los cubiertos sobre la mesa.

Sí, ellos habían insistido en que no se casara con MinHo. Muchas veces buscaron la manera de que se fijara en un hombre con dinero o un puesto económico estable. Pero desde la primera vez que vio sus expresivos ojos y sus pequeños labios, quedó perdida en un mar de emociones.

—Es un hombre trabajador, padre. Me respeta, ¿no es eso suficiente para usted?— preguntó cansándose de los mismos reproches de siempre.

—¿Te respeta? ¿Cómo sabes que lo hace?— SunHee levantó los ojos sorprendida. Jamás imaginó que su padre fuera capaz de poner en duda su matrimonio. —Si yo fuera él, ya estaría viviendo con otra mujer. Está lejos de aquí, en un país lejano y rodeado de mujeres bellas. Dime, ¿a qué regresa aquí? ¿A seguir casado con una sirvienta que no hace otra cosa que estar limpiándole los pies a la señora?

Sentió las lágrimas aglomerarse en sus ojos y unas terribles ganas de soltar un juramento contra su padre. No podía creer que estuviera escuchando eso. Su madre se encontraba callada sentada junto a él, simplemente escuchando y manteniendo la cabeza baja. No esperaba que la defendiera, pero al menos que demostrara un poco de conmiseración con ella.

—Seré una sirvienta, padre, pero puedo asegurarle que sé con el hombre con el que me casé. MinHo sería incapaz de hacer esa bajeza. Por favor, detengamos esta conversación— suplicó mientras cortaba un trozo de col con la mirada baja y las lágrimas impidiéndole ver con claridad.

—De lo que puedes estar segura es que eres ciega y tozuda. Los hombres somos así, no importa qué tanto las mujeres juren lo contrario. Sigue de sirvienta esperando en esa pocilga a que el desaparecido vuelva. No te pediré que vengas a esta casa hasta que no aceptes tu condición.

Le dolía en el alma no contar con el apoyo de sus padres, aunque nunca lo había tenido, esperaba poder recibir alguna palabra de aliento mientras estaba pasando por el momento más difícil de su vida. Quería saber, al menos, que podía estar tranquila sabiendo que alguien estaría allí para ella cuando el cansancio y la tristeza la embriagaran.

Prefería evitar que los pensamientos que su padre se recrearan en su mente. Era imposible. Temía que MinHo de verdad hubiera encontrado otra mujer en Japón y entonces decidido quedarse allá. Es decir, a muchas mujeres les pasaba eso, ¿por qué a ella no?

Como decía su padre, era únicamente una sirvienta que estaba todo el día al mandato de la señora. No poseía nada sobresaliente de lo cual pudiese darse a lucir sobre las hermosas mujeres japonesas. ¿Por qué MinHo no habría de quedar atrapado por ellas?

Poco a poco su mente comenzó a llenarse de pensamientos irracionales. Por más que intentaba evitarlos, éstos aparecían sin avisar y volvían su mente una maraña oscura y podrida. La ausencia de MinHo, la soledad, el nulo apoyo de su familia y su mente poco a poco fueron encaminándola a un precipicio.

Un acantilado donde la tristeza era la fuerza que empujaba y las ganas de luchar contra ésta se iban terminando. El mejor final que podía encontrar era la locura; rendirse ante la locura y dejar que le arrullara en su canto sin coherencia ni conciencia.

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Licencia de Creative Commons
Still Yesterday by Valen M. (sweetvals) is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://utopiakfiction.wordpress.com/2014/05/24/still-yesterday-capitulo-dos/.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en http://sweetvals.livejournal.com/11817.html

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3 comentarios en “Still Yesterday {Capítulo dos}

    • Lo sé u_u siempre tiene que haber alguien que meta esa clase de pensamientos en el otro.
      ¿Qué crees que haya pasado con Minho?
      Si yo fuera SunHee, aunque quisiera evitarlo, podría pensar también que Minho tiene otra mujer. Idk. Generalmente es lo primero que las mujeres automáticamente pensamos.
      ¡Gracias por comentar! ♥

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