Still Yesterday {Capítulo Uno}

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Disclaimer: Choi MinHo no me pertenece, lo hace a sí mismo y a su compañía. La historia y trama son míos en totalidad, a excepción de los hechos históricos.

Notas de la autora: Este es el primer capítulo del minific.Como se darán cuenta, los capítulos son pequeños, pero no quiero extenderme demasiado, sino únicamente basarme en los hechos contundentes porque luego se me sueltan las manos y termino haciendo un fanfic de 24132432 páginas.  Agradezco muchísimo sus comentarios y espero que lo que resta de la historia les guste. Sean pacientes conmigo, hagan de cuenta que he comenzado a escribir de nuevo; sin bases ni conocimientos, mucho menos antecedentes. Después de tanto tiempo ausente en esto de escribir, es muy difícil. Para mí está tomando un valor muy especial ya que es lo que más me ha gustado desde que comenzó este hiatus a causa de mi falta de inspiración. Me encantan los comentarios, si tienen algo que opinar sobre el minific, no importa qué, es bien recibido. Y bueno, esto sería todo. ¡Gracias!

 

 —Lo siento, no recuerdo dónde dejé el otro par de calcetines— dijo avergonzada, mientras le entregaba la pequeña bolsa de tela.

Recurrentemente le sucedía. Olvidaba cosas simples. Tareas del hogar que tenía que hacer, objetos que en un momento anterior llevaba entre las manos, después se desaparecían; a veces se perdía entre las calles y no recordaba la razón por la cual había salido. El doctor del pueblo le había dicho que tenía que aclarar su mente para ponerle en orden.

Era imposible. No podía poner sus pensamientos en orden al saber que MinHo se iba por tiempo indefinido y sólo Dios sabía hasta cuándo volvería a verle.

—Así déjalo, cariño— sonrió suavemente al mismo tiempo que recibía la ropa lavada y doblada que SunHee le ofreció.

Pudo observar la melancolía en los grandes ojos de MinHo. Sabía que le dolía en la misma medida el hecho de separarse. En mayo de ese año cumpliría apenas tres años de casados y todavía se encontraban en el mejor momento de su matrimonio, pero era una oportunidad que no podían dejar ir.

SunHee trabajaba con una mujer viuda a la cuál cuidaba desde que tenía quince años. A pesar de ser una persona gruñona, solitaria y terca, SunHee sabía que le estimaba ya que, en ocasiones especiales, recibía un pago más alto del normal y llegaba a comprender sus ausencias debido a sus recurrentes visitas al médico.

MinHo, en cambio, trabajaba para un hombre japonés y rico que sembraba y cosechaba arroz. Por lo poco que su esposo le contaba, el señor era de personalidad tacaña, testaruda y hostil. Era ambicioso y la única persona de confiar entre sus empleados era MinHo. Le dejaba a cargo el cuidado de la producción y del trabajo de los demás. Sabía que era confiable y que nada de lo que le pidiese sería imposible para él.

Por esa razón había consultado con MinHo el hecho de ir a Japón para ayudarle con otra plantación que tenía en aquel país; sobre todo ofreciéndole seguridad mientras la guerra terminase y así no verse obligado a marcharse a defender al país cuando se lo solicitaran. SunHee le había animado y casi rogado para que se fuese con su patrón. Así sabría que algún día regresaría sano y salvo.

Él había pensado mucho sobre la propuesta, pero SunHee desde el primer momento había considerado que era la mejor opción. Después de mucho insistir y discutir todas las posibilidades, ventajas y desventajas, había aceptado marcharse.

Salieron de casa al escuchar el claxon del automóvil que pasaba por él. SunHee sentía el corazón oprimírsele. MinHo, con maleta en mano se giró para observarla por última vez antes de marcharse. Veía en sus ojos el dolor y la desesperación de marcharse, pero sus facciones no decían nada más. Se hacía el fuerte. Ella lo sabía. Su esposo sonrió levemente para amenizar el momento y le dio un suave beso en los labios.

—Te escribiré a diario. Quizás las cartas tarden en llegar pero día a día lo haré. Estaré de vuelta lo más pronto posible— tomó sus manos entre las suyas—. Cuídate, mi amor. Los inviernos son duros, abrígate bien. Y come apropiadamente. No salgas de casa en las noches. Si llega a pasar algo, deja la casa y vete a un lugar seguro.

Solamente podía asentir e intentar tragarse el nudo que se formaba en el garganta y le impedía respirar. Apretó fuertemente las grandes manos entre las suyas e intento darse fuerza con el tacto de MinHo. Sentía la piel dura y callosa a causa del arduo trabajo que diariamente su esposo hacía.

Le observó subir al viejo automóvil. Su corazón latía desenfrenadamente y una ganas tremendas de correr e impedirle irse le invadieron las venas. Sus miradas se aferraron a través del vidrio, ambos con los ojos brillosos por el adiós.

Poco a poco fue desapareciendo en el horizonte, entre los cultivos y los árboles; además de las lágrimas que aparecieron para quedarse humedeciendo su rostro por mucho tiempo.

Durante los primeros cuatro meses después de que él se marchó, recibió sus cartas. Llegaban tardías o sin orden cronológico. Podía leer una de febrero y luego una de diciembre. Algunas estaban rotas o era imposible saber qué decían porque la tinta se había corrido debido al agua. No le escribía a diario, pero sí tenía cartas con intervalos de una semana. Esas cartas donde le decía que se encontraba bien, cómo era su vida en Japón o cuánto le echaba de menos, eran su continua fuerza.

Cuando las cartas se volvieron más espaciadas y los textos más cortos, la angustia le invadió. Sobre todo en aquella ocasión en la que escribió:

“El trabajo se vuelve pesado. Las horas de sueño son menos. Aunque cuando me dan mi paga el ánimo regresa. Espero regresar pronto, pero no sé cuánto tiempo más tenga que estar aquí. Los japoneses se vuelven cada vez un poco más tacaños y la labor diaria parece interminable. Lamento escribirte tan poco, el sueño me vence y mi cuerpo está agotado”.

MinHo jamás había sido un hombre que permitiera que el cansancio o la tristeza se mostrara. Imaginaba que todos los días había algo malo que contarle, pero no lo hacía. En sus cartas anteriores jamás decía qué tan cansado o desanimado estaba; por ello SunHee comenzó a enviarle cartas diarias y no nada más la réplica. Quería animarlo y decirle cuánto lo amaba.

Después de unos meses, las cartas dejaron de aparecer. Esperaba con ansias al cartero, deseando fervientemente que MinHo le hubiese escrito. Pero no era así. El miedo le invadía y toda clase de pensamientos fatalistas revolvían su cerebro. Quizás había dejado de quererla, o algo malo le había pasado, ¿qué tal que encontró a otra mujer?, ¿y si su jefe lo había enviado a trabajar a otro lugar?

No podía pensar. No quería hacerlo. El sufrimiento le envolvía de tal manera que se sentía cegada y a la deriva.

Así pasaron meses, tal vez un año.

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Licencia de Creative Commons
Still Yesterday by Valen M. (sweetvals) is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://utopiakfiction.wordpress.com/2014/05/15/still-yesterday-capitulo-uno.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en http://sweetvals.livejournal.com/11632.html

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7 comentarios en “Still Yesterday {Capítulo Uno}

  1. Es muy melancólico todo esto, no sé, hasta me sentí triste por la situación, pero tu historia es bonita. Estaré pendiente del siguiente capítulo.

    ¡Ah! Y realmente me alegra que decidieras escribir una vez más.

    <3

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    • ¡Muchas gracias por comentar!
      Me alegra que te guste y sobre todo tu apoyo.
      De hecho, en este momento me encuentro trabajando en mi capacidad para transmitir sentimientos a través de mis textos. Había perdido el toque y me da gusto -aunque suene raro- que te haya hecho sentir triste. Significa que he cumplido mi misión, al menos en este capítulo.
      Nuevamente, gracias por leer y comentar.
      Estaré subiendo capítulo lo más pronto posible.

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  2. Sentí de nuevo aquel nudo en mi garganta.
    Sé que a veces me tardo en comentar, pero ten por seguro que me verás por aquí seguido en tus historias.

    Ya sabes que creo que es una de las historias más bonitas y tristes, así que ya sabes, sigue así ♥
    No nos hagas llorar mucho ♥

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    • Muchísimas gracias, Rubí. Sabes que es sumamente gratificante ver tus comentarios. Conocer que la historia te gusta me envuelve el corazón. Espero que te guste hasta el final. Y no te preocupes por los comentarios, sé que tengo tu apoyo y que estás allí. Gracias, preciosa.

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  3. En estos momentos tengo algo atorado en el pecho.
    Está tan bien descrito que he podido visualizar todo, de verdad está súper bien.
    Necesito un poco de tiempo para asimilar mis emociones y sentimientos para leer el segundo capítulo.

    Te luces ♥
    ♥ XOXO ♥

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    • Muchísimas gracias, Lía. Me encanta saber que te provoca esas emociones. Quiere decir que estoy haciendo bien mi trabajo.
      Gracias por comentar, bonita.
      Espero que te sigan gustando los demás. ♥

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¡Gracias por comentar! ♥

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