Please never let me go {Oneshot} {Único Capítulo}

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Please never let me go por Sajie. (c) Poster Saikö.
Ravi x N. Oneshot. +18. Yaoi. Angst, drama, erótico.

Advertencias: La historia puede contener algunas palabras altisonantes.

Disclaimer: La historia narrada aquí no es más que ficción y me pertenece; los personajes no.

Nota de autora: Les dejo por aquí mi segundo trabajo por el aniversario del blog, espero que también ésta sea de su agrado.  Es un NAVI y ya, sólo ellos dos en este oneshot. No tiene muchas cosas ”hot” pero bueno… A mi me gustó, haha. No se olviden de dejarme un comentario, son muy importantes todas sus retroalimentaciones. ¡Abrazo apachurrador para todos! <3

 Please never let me go

 

Could you check my pulse for me to see if I’m alive?
Cause every time that I am near you is the only time I feel alright.
Alone – Sleeping With Sirens

—Hakyeon… —murmuró entre jadeos una última vez el menor de ambos. Su cuerpo se encontraba desplomado sobre la espalda desnuda del mayor, ambos agitados en demasía.

—Wonsik… —la voz cansada del más grande apenas si podía escucharse. Aún los espasmos le llenaban el cuerpo, casi impidiéndole articular palabra. No quería saber nada, sólo cerrar los ojos y dormir como solía hacerlo siempre después de tener sexo con él.

—¿Puedo quedarme hoy? —cruzó los dedos de los pies, deseando que la repuesta de Hakyeon fuera afirmativa. Por una sola vez en la vida deseaba que él le permitiera quedarse a su lado.

—No —sus palabras salieron disparadas como una bala directo al pecho del menor, haciendo que un nudo se le formara en la garganta—. Debes irte ya —cada palabra que pronunciaba dolía, cada palabra era una nueva bala.

El menor se puso de pie, sacó su hombría con delicadeza del interior del moreno para no lastimarlo y bajó de la cama. Buscó su ropa interior y sus pantalones en el suelo de la habitación y al encontrarlos, tomó todo y salió del lugar.

Ninguno de los dos dijo una palabra más; Hakyeon, al escuchar la puerta del dormitorio cerrarse, cayó dormido; mientras tanto, Wonsik abandonaba el departamento ajeno con el corazón herido.

Día tras día sucedía siempre lo mismo. Ambos se citaban en algún lugar, comían juntos o paseaban y después, arribaban al departamento del mayor para tener sexo.  A veces, sólo bastaba con una llamada de Hakyeon para que Wonsik estuviese a los pocos minutos fuera de su casa.

Estaban juntos todo el tiempo, tal vez más de lo necesario, tal vez más de lo que el corazón de Wonsik podía soportar. Sí, Wonsik estaba enamorado del mayor y ya había perdido la cuenta de las veces que se lo había confesado; nunca le había dicho que sí, nunca le había aceptado, porque de la boca de Hakyeon siempre salían las mismas palabras: “Sólo somos amigos, ¿lo tomas o lo dejas?” “No quiero estar atado a ti, Wonsik”, “No puedo ofrecerte nada más”, “No quiero estar contigo como pareja, no quiero compromisos”, “Siempre vamos a ser amigos, amigos que se divierten… ¿Acaso tiene algo de malo eso?”. Siempre las mismas frases una y otra vez.

— O —

Una vez más, Wonsik arribaba a su hogar completamente agotado y no precisamente del cuerpo, si no del alma; tenía el corazón roto, los sentimientos hechos pedazos. ¿Cómo es que había sido capaz de soportar por tanto tiempo los desprecios de Hakyeon?

—Ni todo el amor del mundo es suficiente —cerró la puerta de su habitación una vez que estuvo dentro, se recargó en ella y dejó que su cuerpo se deslizara hasta caer al suelo—. No más Hakyeon, ésta fue la última vez…

Todo el amor que le tenía ya no era suficiente. Le gustaba, lo amaba, estaba completamente enamorado, pero su corazón ya dolía demasiado; dolía tanto que sabía que no podría soportar un desaire más.

Con los ojos completamente cristalinos, alcanzó el celular de uno de los bolsillos traseros del pantalón y envió un mensaje de texto; probablemente, el último de tantos.

— O —

—Maldición —el celular vibró en el rostro de Hakyeon, despertándole de inmediato. Estaba molesto, pues si había algo que odiaba era que le despertaran—. Maldición Wonsik… Sabes que odio que no me dejen dormir —refunfuñó al mismo tiempo que leía el nombre del menor en la pantalla del celular. Dio click en “leer” para abrir el mensaje, sin siquiera imaginarse lo que habría en aquellas palabras.

De: Wonsik:
Hakyeon… Hoy fue la última vez que nos vimos. Soy demasiado cobarde como para decirte adiós de frente, probablemente me echaría a llorar. No puedo soportarlo más, mi corazón duele cada vez que me dices que no y tú no estás dispuesto a aceptarme nunca. No es ningún reproche, pues respeto tus decisiones. Fue un placer haberte conocido y compartido todo éste tiempo contigo… Se muy feliz, sé que pronto encontrarás a la persona a la que puedas decirle sí.

—Debe ser una broma… —las mejillas del moreno se llenaron de lagrimas, dolía y dolía mucho. Nunca había pensando que algún día aquel chico podría alejarse de su lado— Debe ser una jodida broma… Una broma de muy mal gusto… —el tono de su voz arrastraba enojo, tristeza; no podía, simplemente dolía demasiado.

Buscó entre los contactos de la agenda, seleccionó el número del menor y presionó a llamar. Una, dos, tres… Diez… Diez llamadas vacías, sin respuesta alguna mas que la contestadora pidiendo dejar un mensaje.

Wonsik estaba destrozado, tenía los ojos puestos en su celular que timbraba insistentemente en su mano y que no se detenía. El mayor seguía marcando una y otra vez y parecía que no iba a dejar de hacerlo hasta que él atendiera las llamadas.

El móvil de Wonsik marcaba ya cincuenta llamadas perdidas cuando la número cincuenta y uno entró. Después de haberlo pensado tanto accedió a responder; su cerebro decía que no lo hiciera, pero su corazón le gritaba que debía hacerlo.

La línea quedo en silencio cuando atendió. No podía hablar, un nudo le llenaba la garganta y le impedía emitir palabra.

—¡¿Qué clase de broma estúpida e idiota es esa, Wonsik?! —los ojos de Hakyeon estaban abiertos más de lo usual, tenía el rostro enrojecido por el enojo y las mejillas llenas de lagrimas por no poder dejar de llorar. Gritaba mientras hablaba y éso era algo que Wonsik nunca había escuchado antes, mucho menos lo había visto y sólo de imaginarlo se le trozaba aún más el corazón.

—No… No es ninguna broma, hyung —su voz era casi inaudible, totalmente ronca—. Hoy fue la última vez que nos vimos… No volveremos a vernos, sé que serás feliz.

—¿Eres tonto Wonsik? ¿Sabes que si haces esto de verdad no volveremos a vernos? No me arrepentiré nunca de lo que te estoy diciendo. No voy a perdonártelo nunca, de verdad no voy a hacerlo aunque vuelvas mil veces a pedirme que lo haga.

—No volveré, lo aseguro. Sé feliz, ¿sí? La vida se encargará de mí… Y también de ti. Te amo, hasta nunca.

El sonido de vació llenó nuevamente la línea. Hakyeon tiró el móvil en dirección de la pared, haciendo que éste se hiciera añicos y Wonsik, sólo terminó la llamada una vez que no obtuvo ninguna respuesta más.

— O —

Los días pasaron hasta convertirse en meses y los meses hasta convertirse en años. Tres años habían pasado ya desde aquella última vez. Hakyeon cumplió su palabra y nunca más volvió a llamarlo, ni a buscarlo, a pesar de que estuvo a punto de hacerlo cientos de veces. Wonsik tampoco volvió a buscarlo, aunque más de treinta veces estuvo en la puerta del edificio del mayor, siempre tomaba valor y regresaba por donde había llegado.

La taza de café humeante que el moreno había preparado unos minutos atrás, se encontraba sobre la mesa de centro; él, recostado sobre el sofá que ahora usaba como cama. No podía dormir, no sobre aquel lugar que le llenaba el pensamiento de recuerdos; la misma cama que había compartido con Wonsik por tanto tiempo y que ahora, aunque los años seguían transcurriendo no podían borrarse de su memoria.

¿Cuán orgullosa puede llegar a ser una persona? ¿Cuánto cuesta pronunciar la palabra “perdón”? Tal vez cueste y mucho. Pedir perdón es tomar el orgullo y hacerlo trizas. Es reconocer que nos equivocamos y éso es difícil para todos. Existe una gran diferencia entre pedir perdón y no hacerlo. Si se pide perdón las cosas pueden mejorar y en cambio, si no es así, nos arriesgamos a vivir estancados toda la vida con un orgullo putrefacto.

Estar lejos de Wonsik durante tres años y tener que pensar a diario en que habría sucedido si le hubiese pedido perdón. Eran aquellos los pensamientos que mataban a Hakyeon todos los días.

No tenía nada, no tenía a nadie, nunca buscó a nadie más. No podía ser feliz, porque quería serlo al lado de Wonsik, porque su corazón estaba aferrado a un recuerdo y su cerebro al orgullo. Durante los últimos años había escrito cientos de mensajes de texto que tenían como destinatario al más joven y nunca los envió; en ellos, le pedía perdón por haber roto su corazón y a la vez, perdón por haber demorado tanto en pedir perdón.

Así pasaban los días, cada día un mensaje nuevo que no enviaba y se acumulaba en la bandeja de borradores. Tantos mensajes que podrían haberle o no regresado a la única persona que había amado.

El reloj marcaba las ocho en punto. El café ya no humeaba y Hakyeon no había bebido ni un solo trago, era hora de ir a trabajar. Como todas las mañanas dejo la taza de café que nunca bebía en la cocina y se metió a la ducha. En minutos, igual que siempre, ya estaba vestido y arreglado, tomaba su maletín y salía de casa.

Esa mañana, caminó a la oficina sin esperarse que el invierno tomaría la decisión de decir hola justo aquel día. El clima era bastante frío afuera y él no estaba usando ningún abrigo. La solución más inteligente que encontró a su problema fue entrar a comprar un vaso de café instantáneo. Caminó por un par de avenidas más en busca de una tienda de autoservicio en la cual poder comprar la bebida y la encontró una cuadra antes de llegar a su oficina; para ese entonces ya estaba hecho un cubo de hielo.

Entró en la tienda y arrastró los pies hasta la máquina de café. Todo su cuerpo temblaba, incluso sus dientes tiritaban. Observaba con bastante atención como el café se vertía rápidamente en el vaso cuando escuchó una voz bastante conocida hablándole.

—¿Compras café? —aquella voz le llenó los oídos, le llenó alma. Giró el rostro de inmediato y se encontró con el menor; Wonsik estaba de pie a su lado, preparando un café en la máquina de junto.

—Wonsik… —Hakyeon se pusó helado, aún más helado que antes. Se le llenaron los ojos de lágrimas, dejó caer el maletín que llevaba en la mano y se acercó sumamente lento al menor—. Wonsik…

—Hyung… —el más chico abrió los brazos y los extendió hacia él para recibirle en un abrazo y por ello, sin pensárselo dos veces, Hakyeon se aferró a él con toda la fuerza que su cuerpo poseía en ese momento.

—Han pasado tres años, Wonsik… —su voz difícilmente podía escucharse entre los gimoteos que salían de su boca al mismo tiempo que gruesas lagrimas resbalaban en su rostro.

—Lo sé… Han pasado ya tres años, hyung —se separó con delicadeza de Hakyeon y le tomo por las mejillas para limpiarle las lagrimas con los pulgares—. Deja de llorar, no llores más… Creo que nunca te había visto hacerlo.

—Perdóname, Wonsik… Por haber sido un idiota, por…

—Shhhh… —el menor hizo una señal de silencio colocando el dedo índice sobre sus labios—. ¿Tienes tiempo? Hablemos en otro lugar… —Hakyeon observó su maletín en el suelo y luego el reloj en su  muñeca.

—Mmm… Vamos, te invitó un café —qué más daba si ese día no iba a trabajar, Wonsik lo valía, él lo valía todo.

—Sólo acepto si lo preparas tú… —asintió una sola vez, con bastante firmeza. Hacía ya tres años que no degustaba los deliciosos cafés de Hakyeon, una de las muchas cosas que había echado de menos.

—¿Mi departamento? —terminó él mismo de limpiarse el rostro.

—Está bien, tu departamento está más cercano que el mío.

Juntos regresaron a la casa del mayor sin pronunciar ninguna palabra durante el trayecto. Wonsik no sabía que decir; no sabía si alguna de sus palabras harían doler el corazón del mayor y lo que menos quería era volver a verle llorar de aquella manera. Hakyeon, en cambio, sabía todo lo que tenía que decir, sólo no quería hacerlo en aquel lugar ni en aquel momento. Dejaron que únicamente los ruidos de la ciudad y, el que producían sus pies al pisar el concreto de la acera, les acompañarán hasta llegar.

Wonsik conocía bien el camino, pues tres años no eran suficientes para olvidar como llegar al lugar donde había compartido tanto con Hakyeon y en cual ahora se almacenaban una gran cantidad de memorias.

Cuando la puerta del departamento se cerró tras ellos la primera palabra que salió de los labios del más grande fue un perdón. Wonsik suspiró, se volvió para verle y negó con la cabeza. No quería sus disculpas, ahora después de tantos años ya no eran necesarias.

—¿No? —la voz de Hakyeon salió casi en un chillido al ver como el más chico negaba con la cabeza— ¿D-de verdad no vas a perdonarle?

—No… Estoy diciendo que no pidas perdón —avanzó un par de pasos hacia él, hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para abrazarle nuevamente—. No quiero que lo hagas, Hakyeon… Ya no es necesario, te he perdonado hace mucho tiempo.

—¿Por qué nunca me buscaste? —escondió el rostro en el pecho del chico y le rodeó la cintura con los brazos. Había extrañado tanto el poder abrazarlo, el poder aspirar su aroma y estar tan cerca de él; era lo único que había estado añorando durante años que aquel momento era como si el tiempo se hubiese detenido.

—Porque fuiste tú quien dijo que no iba a perdonarme nunca…  —le hizo levantar el rostro para poder unir su frente a la de él—. Sólo respeté tus decisiones, Hakyeon…

—Creí que habías dejado de quererme… —de pronto la piernas le temblaban tan insistentemente como la primera vez que estuvieron juntos. No podía dejar de ver los ojos de la persona que amaba, eran hermosos. Su pensamiento estaba perdido en todo lo que podía suceder en aquel momento.

—Nunca he dejado de quererte, Hakyeon… Creo que nunca podría dejar de hacerlo…

—Pero fui malo contigo, te herí, hice que tu corazón doliera… Yo…

—No digas más, nada de eso importa ahora.

Wonsik lo besó. Lo besó con dulzura, llenándole los labios de todo el amor que nunca había dejado de sentir por él. También quería hacerlo con su cuerpo, quería volver a sentir su piel erizarse ante sus caricias. Quería hacerle el amor, quería hacerlo suyo, tocarlo, besarlo y amarlo; que su cuerpo también sintiera lo mucho que le amaba.

—Wonsik… Nunca me dejes otra vez. Por favor, nunca me dejes.

—No volveremos a estar lejos, Hakyeon… Te lo prometo.

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Licencia Creative Commons
Please never let me go por Sajie [Stephanie Arizmendi] se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://utopiakfiction.wordpress.com/2014/04/18/please-never-let-me-go-oneshot-unico-capitulo/.

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5 comentarios en “Please never let me go {Oneshot} {Único Capítulo}

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