You and me {Oneshot}{Capítulo único}

you and me| Contestación al desafío que me dio Sajie |

You and me por CeCe. (c) Poster por CeCe.
Hongbin & Ann OC | Oneshot | Hetero | +17 | Drama, erótica, AU.

Disclaimer : Hongbin no me pertence. La historia sí.

Nota de Autora: Me sentí inspirada cuando lo inicié, talves esté un poco emocional al principio (?). Ustedes entenderán, y pues, espero que les guste, principalmente a Sajie ya que es su reto. Ya saben que si les gusta dejen un lindo comentario. Gracias por las lecturas.

Vives de esperanza pero no sabes ni qué esperas…
Cortázar

Horrendo.

El lugar era completamente diferente. No estaba acostumbrada a esto. El aroma a pescado y la sensación de humedad por todos lados no iba conmigo. Tenía que soportarlo por unos días, sólo unos días y entonces volvería a mi clima cálido, seco y sin olor a mariscos.

—¿No te parece genial? —preguntó mi padre emocionado. A él le encantaba el sitio, llevaba hablando del viaje desde hace unos meses atrás. Estaba tan ansioso de todo que casi se quería traer la casa entera.

—No va conmigo —me encogí de hombros, no me gustaba ocultarle las cosas y creo que jamás lo he hecho. Él sabía todo de mí así como yo de él.

—¿Y la idea de conocer a Meredith? —la simple idea de conocer a la mujer que ahora estaba a lado de mi padre me ponía de puntas. No sabía mucho de ella, bueno, realmente lo sabía todo de ella gracias a que papá me hablaba de Meredith todo el tiempo. Estaba completamente enamorado y yo estaba feliz por ello, pero la situación me causaba un poco me miedo.

—Sí, un poco —contesté antes de sacar mis maletas del taxi y subirlas a la camioneta que había rentado. Mi papá se había vuelto a casar hace unos meses, yo no había podido asistir a la boda ya que estaba en Vancouver preparándome para mis exámenes.  Yo sé que fue egoísta de mi parte, pero estaba molesta y aterrada. La idea de que otra mujer ocupara el puesto de mi madre me ponía muy mal. Pero ahora gracias a él creo que puedo sobrevivir un tiempo: las vacaciones.

Al subir a la camioneta él empezó a hablarme sobre los días que pasó con ella en Londres y como le había ido con la exposición de pintura. Sí, era pintora de tiempo completo, igual que mamá. Creo que por eso se enamoró de ella, y de cierta manera y aunque me cueste aceptarlo, creo que yo también la quiero.  Ver a papá sonreír cada vez que habla de ella y ver como en sus ojos brilla aquel resplandor me hace sentir más que viva.

Lo habíamos pasado mal unos años, después de la muerte de mi madre él estuvo depresivo. Yo no tuve tiempo para caer en eso, él no me lo permitió, y aparte, tenía que estar fuerte por él, tenía que sacarlo de alguna manera y bueno, creo que sí lo logré un poco, aunque la que lo ha salvado a sido ella.  Desde el fondo de mi corazón le agradezco todo lo que ha hecho, y ahora, creo que hacer el viaje más pesado y tedioso es mi manera de decírselo.

Miré por la ventana, ahora podía apreciar otro paisaje, era mejor que el puerto. El mar se veía azul con tonalidades rosas, naranjas, amarillos y verdes. Era el atardecer más hermoso que jamás había visto. Al fondo, en el horizonte estaba el sol a medias, intentando ocultarse. El cielo seguía siendo claro, azul, rosa y amarillo. Bajé un poco la ventana para comprobar que el aroma a mariscos se había ido, y así fue, aún seguía sintiendo la humedad en mi rostro, pero era agradable, incluso se podía sentir la calidez.

—Por cierto, Meredith me dijo que te tenía una sorpresa —escuché, yo asentí al ver que él me miraba por el retrovisor. No me gustaba sentarme del lado del copiloto, jamás lo he hecho, ese lugar le pertenecía a mamá, y ahora será de Meredith —. Se que no son las mejores vacaciones y que talvez te he decepcionado…

—¡Alto! Papá, ¿por qué dices eso? Me has dado la mejor vida que nadie jamás me podría ofrecer. Soy feliz, sí, talvez por un tiempo estuve mal, pero hey… lo superamos, y me siento más feliz de poder estar a tu lado —Vi como se limpiaba una lágrima.

—Te amo…
—Y yo a ti papá, así que componte o Meredith se enojará si te ve así — él sonrió y yo hice lo mismo. Odiaba sentirme triste o decaída, no me gustaba sentir eso.

Después de unos instantes por fin llegamos, él detuvo la camioneta frente a una casa, mi corazón aceleró. Ya estábamos aquí, frente a un lugar que parecía más una granja. La fachada era color verde deslavado, antes hubiera dicho que era un horrible color, pero ahora que lo veo creo que me parece lindo. Desde aquí podía ver que la casa estaba rodeada por flores de todos tipos.  Mi papá bajó y yo le imité. Escuché un ruido proveniente de la casa, no volteé me quedé parada junto a la cajuela sacando mis cosas.

—¡Josh!

—¡Merediht! —Me giré. Mi padre ya la había rodeado con los brazos y la alzaba dando vueltas. Mi corazón volvió a acelerar y no pude resistirme más, unas cuantas lágrimas salieron de mí y entonces ellos se separaron un poco y me miraron desconcertados —Cariño…

—Son de felicidad papá… no… no es nada malo, en serio, esto es porque estoy feliz —le dije.

—Ella es mi hija, Ann —Meredith se acercó a mi y me tendió su mano, yo no dude y la tomé, pero me acerqué más y la abracé.

—Gracias por hacer sonreír a papá —le susurré cerca del oído para que él no pudiera escucharme. Sentí la presión de su abrazo, entonces me separé un poco —será raro que te llame mamá, sólo espero que a ti no te moleste, creo que ella estaría de acuerdo con esto.

—No hay prisa cariño.

Después de aquel momento completamente cursi y demasiado sentimental, mi padre se había unido a nosotras y nos abrazó, dijo algo, pero no pude entender bien que era, entonces entramos a la casa y Meredith me llevó a lo que sería mi habitación durante las vacaciones. Estaba anonadad. La vista daba al mar, y mi cama era más grande de lo que yo podía imaginar; ella había escogido todo, y entonces le agradecí a mi papá por hablarle de mí. Las cortinas eran de color lila, en la cama habían tantas almohadas que era imposible sentarse siquiera en la orilla.

Había uno de esos sofás que al sentarte te hundías, una lámpara en forma de estrella junto al buró y algunos muebles más. A lado de la puerta había un cuadro, lo había hecho Meredith, y era la pintura de mi padre y yo junto a él, era de una fotografía de nosotros dos, la tomaron cuando fuimos a visitar a la abuela. Sonreí, era inevitable. Ella llegó a mi corazón.

Después de acomodar mis cosas bajé y escuché sus voces en la cocina. Entré y sonreí cuando vi que mi papá intentaba cocinar.

—¿Podemos pedir pizza? —bromeé y entonces todos reímos.

—Creo que jamás seré bueno en la cocina —dijo mientras le daba las cosas a Meredith.

—Creo que mejor pedimos pizza —Meredith volteó a verme y me dedicó una sonrisa tierna —es más, podemos ir, el lugar es grande y es muy hermoso.

—Sería nuestra primer salida juntos —dije emocionada.

—Que no se hable más —Subí por una chaqueta color azul cielo y bajé con ellos. Según Meredith, el lugar estaba en el pueblo, a unos minutos en auto y así fue.
Parecía que había fiesta, todos estaban como celebrando algo y entonces Meredith nos explicó que estaban festejando la última pesca del año y era una tradición de ese sitio. Era algo completamente extraño a nosotros, bueno, digamos que con esfuerzos celebrábamos Navidad. Entramos al restaurante y Meredith nos llevó hasta la mesa que estaba junto a la ventana para que pudiéramos ver todo el espectáculo.

—Es emocionante —les dije. Realmente estaba maravillada. Las personas corrían de un lugar a otro, habían fuegos artificiales y algunas parejas se besaban. Sentí un tirón en el estómago. Eran celos. Lo sabía, estaba celosa de aquellas parejas que se besaban bajo la luz de la luna.

—Los chicos de aquí son muy agradables —dijo Meredith y yo de inmediato me coloré. Sentí mis mejillas arder.

—No creo que sea tiempo —papá también estaba celoso, no me quería ver con algún chico, no todavía.

—Papá —le reclamé y luego pedimos la pizza.

Meredith era agradable, mucho más de lo que él me había contado. Tenía sentido del humor y le gustaban las películas románticas como a mí. La pizza llegó unos minutos después y empezamos a comer mientras Meredith nos contaba historias sobre el lugar. Mi estómago dolía por causa de la risa y la pizza que me había engullido.

—Necesito salir un momento —les dije mientras me levantaba. Ellos aceptaron y yo salí del lugar. Era agradable y todo, pero el calor me estaba asfixiando y además, me moría por fumar un cigarrillo.

Okay, se que estaba mal y que le había hecho la promesa a mi padre de no hacerlo, pero era algo que hacía solo en ocasiones, no era seguido y bueno, realmente me moría por sentir el humo en mi garganta. Era algo extraño, una sensación que odiaba pero a la vez amaba. Me alejé un poco del bullicio, caminé por la orilla hasta alejarme suficiente del ruido. Estaba tan confiada de mí que incluso podía meterme al bosque, pero creo que era jugarle mucho.

—No deberías fumar —respingué y me di la vuelta. Un chico alto estaba parado a una distancia considerable. Me sentí cohibida ante su mirada tan penetrante, entonces sonrió y al hacerlo se le hicieron unos hoyuelos, yo morí. Su cabello estaba algo despeinado y vestía como si fuera a algún concierto de pop.

—¿Tú eres?

—Me llamo Hongbin  —se acercó un poco más a mí. Sus ojos eran grandes, rasgados, cafés…

—Yo soy Ann —le dije mientras guardaba el cigarrillo. Escuché su risa, por dios, era guapo.

—Creo que es la primera vez que te veo —levanté la vista, el miraba en dirección del espectáculo —¿quieres ir?

—Vengo de allá —me encogí de hombros —Sí, llegué hoy con mi papá.

—¿Quieres ir a caminar?

—Sí —Él sonrió de nuevo, ¡Joder! ¿podría dejar de hacer eso? Me estaba derritiendo. Había algo en su tonta sonrisa que provocaba que me temblaran las piernas. Tenía toda mi atención, y él lo sabía, pues empezó a hablarme sobre el clima, y yo como tonta movía la cabeza afirmando o negando cuando era oportuno, después me comentó sobre la universidad que estaba en la otra isla.

—Te llevaré a la playa —me dijo seguro de sí mismo —te va a gustar.

—De acuerdo —tomó mi mano mientras bajábamos por una escalinata de piedra. No había de donde sujetarse y él parecía conocer cada rincón del lugar; su mirada estaba fija en mí, y yo maldije por ello. Si estuviera en California ni loca seguía a un extraño, creo que hubiera salido corriendo y hubiera gritado como loca pidiendo ayuda. Sí, eso hubiera hecho, pero por alguna razón él no me infundía miedo. Sentía curiosidad, una insana curiosidad.

—¿Sucede algo? —se puso serio un instante, pero creo que mi rubor en las mejillas me delató y él rió por lo bajo.

Llegamos hasta la playa y me quité los tenis, él hizo lo mismo. Me tomó de la mano con cierto recelo, creo que pensaba que yo quitaría mi mano, pero no. Ni loca. Talvez estaba mal; el hecho de que no tenía ni una hora de conocerlo y ya estaba como si nada a su lado. Creo que podía escuchar a mi padre desde aquí si supiera que estaba tomada de la mano con alguien que no conocía, no del todo. Sonreí ante la escena.

—Es agradable —comenté mientras caminábamos por la orilla. El mar se mecía lentamente, provocando que nuestros pies se mojaran, bueno, también habíamos puesto de nuestra parte y nos habíamos acercado más al agua. Se sentía bien —. ¿Cuánto tiempo llevas viviendo aquí?

—Hace unos diez años —se encogió de hombros como si estuviera apenado por tener que decirlo —. Y tú… ¿te quedarás?

—Por ahora, sí —contesté sonriendo de lado.

—¿Por ahora? —Hongbin me llevó un poco lejos del agua e hizo que me sentara a su lado.

—Pasaré las vacaciones aquí —ahora fui yo la que se encogió de hombros.

—No te agrada el lugar —eso era más una afirmación que una pregunta y él asintió.

—No es que no me agrade, bueno, no del todo —me reí —odio el olor a mariscos del puerto, y la humedad en exceso, bueno, no es como parte de mi ecosistema —él rió por lo último que yo dije, yo sonreí al ver sus hoyuelos marcados cuando lo hacía.

—Eres muy linda —al decir aquello sentí que la sangre me subía a la cabeza y se calentaba. Él sonrió y yo bajé la mirada, estaba apenada.

—Gracias, tú también eres lindo —dije torpemente.

Sentí una caricia en mi mejilla y levanté la vista lo más rápido que mi cabeza lo permitió, mala decisión, él estaba aún más cerca de mí, mirando fijamente mi rostro, su mano subía lánguidamente por toda mi mejilla hasta llegar a mi cabello y acomodando un mechón tras mi oreja se inclinó un poco más. Podía sentir mi corazón brincar como tonto desesperado en mi pecho, mi respiración se estaba agitando y él lo notó, sonrió levemente. Entonces acortó la distancia haciendo que sus labios se posaran en lis míos. Yo me quedé inmóvil, era la primera vez que no sabía qué tenía que hacer. No era mi primer beso, pero sí el primero que me pone tan nerviosa; normalmente era yo quien se atrevía a dar el primer paso a la hora de besar y ahora… ahora estaba claro que el tipo me traía tonta.

Sus labios exigieron más, y yo no era nadie para impedirlo. Su lengua acarició la comisura de mi labio inferior, suspiré inevitablemente al tiempo en que me acercaba más a él y posaba mi mano en su nuca para evitar que él se apartara. Al parecer, entendió que mis intensiones no eran huir o apartarlo de mí, porque me tomó de la cintura y me jaló hacía él, quedando arriba. Ambos sonreímos aún besándonos. Ya sabía como terminaría esto y me agradaba de tan solo pensarlo. Sus manos paseaban por mi espalda, de arriba a bajo.  Me presionó más a su cuerpo y suspiré por la oleada de emociones que estaba empezando a sentir.

Nuestro beso se empezó a intensificar, más de lo necesario haciendo que nos separáramos para poder tomar aire. Acarició nuevamente mi mejilla, yo sonreí. Su mirada me gustaba, no, me encantaba. Estaba empezando a creer que era adictivo el tan solo mirarle a los ojos. Sin previo aviso se giró, mi espalda ahora tocaba la arena. Supongo que mi cara reflejó la sorpresa porque él sonrió ampliamente, dejándome apreciar de nuevo sus hoyuelos. Entonces acaricié su mejilla, tocando la comisura de sus labios. Volvió a acortar la distancia volviendo a besarme, esta vez fue un beso más dulce, delicado, tierno… lento.

Sus manos subían y bajaban por mis lados, podía sentir su necesidad, pues también tenía esa necesidad. Y se lo hice saber. Metí mi mano bajo su playera, acariciando su espalda caliente. Me mordí el labio al sentir su piel, y moví mis manos a su vientre, subiendo hasta su pecho. ¡Desgraciado! Estaba marcado, sus músculos se tensaban cuando se movía. Realmente estaba más que bueno. Suspiré al sentir como hacía lo mismo, deslizando su mano sobre mi piel y acariciando suavemente. Estaba perdiendo mi cordura tan lentamente que hasta me dolía.

—Hongbin —susurré su nombre al sentir como su mano subía hasta mis pechos. Él sonrió y continuó repartiendo caricias.

Hice que se levantara un poco para quitarle la chaqueta y la playera, y cuando lo hizo mordí mi labio. Se ejercitaba, y bastante. Su cuerpo era testigo  y víctima de todas las horas que le dedicaba al ejercicio. Pasé mis manos por su abdomen marcado.

—Ven —me dijo, me incorporó sólo un poco, y entonces hizo lo mismo, quitó mi chaqueta y luego la blusa —vamos a nadar —susurró a mi oído.

No dije nada, y empecé a imitarlo, quitándome el pantalón, pero entonces él se quitó el boxer y en automático di media vuelta. Él no dijo nada, sólo escuché una risita ahogada, escuché cuando se encaminó a la orilla. Jamás alguien se había desnudado así como él lo había hecho, sin pudor, sin pensarlo dos veces. Me dio pena, pero tomé valor de no sé donde y me quité el brasier y la panti. Quería correr pero mis pies estaban demasiado torpes y simplemente me metí al agua.

Creí que sentiría frío pero no, estaba tibia. Me gustó la sensación del agua tibia en todo mi cuerpo y antes de que pudiera alejarme más de la orilla él me tomó de la cintura, si mis pies hubieran estado en tierra firme, seguro habría dando un brinco. Me dio la vuelta para verlo a la cara. Sus manos se posaron en mi cadera y volvió a besarme. Subí mis manos hasta sus hombros y su nuca, el beso nuevamente estaba exigiendo más, y gracias al agua salda teníamos que romper el beso cada cierto tiempo.

—Jamás había hecho algo así —le confesé, él sonrió.

—Yo tampoco —me separé un poco de él.

—¿En serio? Digo, vives aquí y seguro muchas chicas quisieran meterse contigo —él enarcó una ceja y sonrió.

—Lo sé, pero ninguna chica me llamó tanto la atención como lo hiciste tú —por dentro mil mariposas y un zoológico entero estaban haciendo desastre en mi estómago.

—¿Eso le dices a todas?

—No, sólo a ti, y si me lo permites —se acercó más a mí oído —me gustaría poseerte —susurró sensualmente. Mordí mi labio para evitar suspirar o gemir.

No le dije nada, solo tomé sus labios con los míos. Las intenciones de ambos eran claras, y para que negarlas u ocultarlas. Además, era excitante. Estaba con él, un casi extraño que estaba desnudo al igual que yo, dentro del agua y con ganas de hacerlo. Me llevó a la orilla, y me recostó. Se acomodó sobre mí y volvió a besarme, la arena se pegaba a nuestros cuerpos mojados. Sus labios besaron mi barbilla, mi cuello hasta llegar a mi pecho.
—Hongbin —susurré nuevamente al sentir como me torturaba. Él entendió, separó mis piernas con las suyas y yo me deje hacer, sentí su sexo rozar con el mío y suspiré del puro placer que iba a tener, que él me iba a dar. Sentí sus manos pasear por mi cadera, acariciando mi piel hasta bajar a mis piernas.

Tomó mis labios mientras entró en mí, lo hizo lento, pero me llenó. Sentía mil emociones en ese momento, si había algo de cordura, con eso desapareció por completo. Acaricié su espalda mientras me besaba, moviéndose lentamente. Entrando y saliendo de mí. Su respiración se agitaba al igual que la mía, y podía sentir más calor que antes. Su mirada y la mía fijas, mientras que nuestros cuerpos se movían a un solo ritmo. Sus manos acariciaban mis pechos nuevamente, sintiendo aún más placer.

Coloqué mis piernas alrededor de su cadera, quería que entrara aún más y así lo hizo. Sintiendo un placer indescriptible. Sus embestidas aumentaron un poco más, y entonces ya no pude callarme, sentía la necesidad de gemir. Mi corazón estaba por salir de mi pecho.

—Ann —susurró a mi oído. Aferré mis uñas a su espalda al sentir como sus movimientos se volvían más bruscos, con más vigor.

Tomé su rostro entre mis manos y lo besé con la misma necesidad con la que él me estaba llenando. Sus movimientos fuertes, provocaron que arqueara la espalda al sentir aquella sensación electrizante.

—Hongbin —gemí su nombre al sentir como el orgasmo me llenó por completo.

Él continuó embistiéndome, susurraba cosas que no entendía, talvez porque no podía escuchar otra cosa que no fuera el palpitar de mi corazón y nuestras respiraciones agitadas. Su cuerpo contra el mío, sintiendo como me tomaba de aquella manera.

Besé su cuello, su hombro y entonces sentí una última embestida y llegó al placer. Susurró mi nombre a mi oído mientras lo hacia. Se recostó sobre mí, ocultando su rostro en mi cuello, sintiendo su respiración agitada sobre mi piel.  Algo me decía que serían las mejores vacaciones de mi vida.

—¿Cuánto tiempo te quedarás? —preguntó él.

—Dos meses… tú y yo.

—Tú y yo… eso me agrada.

CeCe

 

Licencia Creative Commons
You and me por CeCe {Rubí Hernández} se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://utopiakfiction.wordpress.com/2013/12/17/you-and-me-oneshotcapitulo-unico/.

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8 comentarios en “You and me {Oneshot}{Capítulo único}

  1. *w*!! Mi Dios es simplemente hermoso *w*!!!! Ah! porque yo viviendo cerca a la costa nunca me ha pasado eso TT^TT (Ok alucino XD)…Hahahaha mi dios con un hombre como el quien no se entrega sin mas XD

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