Nuestra Historia {New Fanfic} {Capítulo 1}

NH005

Nuestra Historia por MKiSS. (c) Póster por MKiSS

Do Kyungsoo x Kim Jongin (EXO)  Fanfic  Yaoi  NC-17  Angustia, AU, Romance, POV

Advertencias: Lemon, Primera vez, Muerte de un personaje.

Disclaimer: El grupo se pertenece a sí mismo como a su agencia. Historia ficticia. Si tiene algún parecido con la realidad u otro fic, es solo coincidencia. Sin ánimos de lucro.

Nota de la Autora: Mi primer fanfic de EXO. No soy una fan de ellos, pero la realidad es que me ha gustado la pareja de KaiSoo y quizás todo lo que tenga que ver con KaiSoo (?) xD! Espero les guste. Me estuve inspirando en un día que fui a un parque y se me ocurrió la idea ahí mismo (Ojalá hubiera tenido mi mente conectada al computador en ese momento ;w;).

Sipnosis:

Do Kyungsoo es un chico que estudia Literatura que le gusta observar a personas tanto como pueda. Un día se vio interesado por un chico en particular y no le quitaba los ojos de encima pero de un momento a otro, ese chico se había ido. ¿Lo volvería a ver algún día o era de las típicas personas que aparecían una vez y desaparecen?

Dos chicos que por cosas de la vida y de un parque, acaban hablando cuando les queda el último año, coincidiendo en la misma universidad donde estudian.

Desconocidos en un principio y ahora buscando algo más que una amistad. Buscando la felicidad. ¿Lo encontrarán?

Capítulo Uno

Respirar, siempre respirar…

Siempre que iba a ese parque, me sentaba en el mismo banco. Mi favorito, a decir verdad. Desde ahí podía ver todo. La gente, los animales, las aves… Los mercados, los vagabundos, la iglesia… Todos los días diferentes personas y no me importaba en lo más mínimo si no se repetían. Era novedoso después de todo.

Los ejecutivos que se reunían en el mismo lugar de siempre a fumar un cigarrillo y, en pocas ocasiones, pidiendo fuego a las personas que se encontraban ahí. Esta era una de esas ocasiones…

Personas de la tercera edad que van a resfrescar su mente, su cuerpo, su vista. A ellos me gusta verlos más. Están siempre tranquilos y al no tener deberes como los de un joven, me permite sentirme en sintonía y relajarme con ellos.

Chicos de escuelas que se reunían en un mismo banco… siempre el mismo. Hasta me hacía reír por dentro. Ellos siempre iban con las intenciones de fumar algún que otro cigarrillo. Me daba envidia… Aunque no soy un fumador obseso y tampoco un fumador en sí, tenía unas ganas de probar uno.

Vagabundos que iban a dormir, a tomar, a fumar… Ví a dos, mejor dicho a tres. Uno de ellos estaba durmiendo por, lo que vi desde que llegué, varios periódicos. Este día hacía especialmente frío, está un poco nublado y el sol no calentaba para nada. Otro que estaba sentado leyendo un diario, de seguro alguien se lo pasó para que restara su tiempo en el día… como siempre lo hacen ellos. El que más me dio curiosidad, era ese vagabundo que se levantaba del banco y que daba vueltas en círculos como si estuviera pensando en algo y no podía solucionarlo, parecido a un científico loco en un laboratorio. Me dió un poco de lástima y risa pero no podía juzgarlo, las personas encuentran su futuro, ya sea bueno o malo, por como actúan en la vida. Yo muy bien sabía eso.

Señoras con cochecitos, eran bastante y me preguntaba el por qué el gusto de tener tantos bebés cuando a penas se la pueden con uno y después se andan quejando que es mucho trabajo y que “casi” se arrepienten de haberlos tenido. Y digo “casi” porque en el futuro no se arrepienten de ver a sus hijos crecer y que después las cuidan como si ellas fueran las bebés…

No lo niego, eso pasa, es como la vida va girando. Naces, creces, reproduces y mueres. Eso es lo que siempre dicen, pero se les olvidó la parte de que te vuelves un niño después de una edad determinada, ¿cierto?

Me gustan los animales, los adoro. Tanto que me entra una pena no poder salvar a los de la calle… Me refiero a los gatos y a los perros. En este parque hay perros, varios. Distintas razas. De sangre pura y quiltros, como si se trataran de bastardos y los cuales no tienen la culpa porque ni la madre de ellos sabe diferenciar si es el hijo o primo… A ellos nos les importa el parentesco, simplemente, solo si es macho o hembra.

Y eso me recuerda a que todo el mundo te juzga por quién eres y lo qué haces, no por tus logros y por el bien que podrías hacer. Todo encuentran malo… Es una sociedad injusta.

Mientras miraba a los perros correteando a las palomas, un chico se dirigía a mi banco (sí, el banco ya era de mi propiedad), pero finalmente se arrepintió y se dirigió hasta unos que estaban frente a una pileta. No nos veíamos directamente y por eso, se me hizo más fácil observarlo.

El chico parecía esperar a alguien. Tenía un aspecto… ¿encantador? Si es que así se podía clasificar a una persona. De labios gruesos, tez un poco más morena que la mía (yo soy extremadamente blanco, lo cual esa piel es de envidiar). Usaba una gorra de esas típica que dicen “NY” en la parte delantera. De las que podías comprar en cualquier parte y te la dan como auténticas pero la de él realmente parecía una original…

Justo en ese instante me miró y yo desvié la mirada a otra parte, observando a la gente que pasaba por ahí. Eso es lo que me gustaba, analizar y ver las acciones de la gente. Encontrando características propias en cada persona, de las cuales hasta yo me podría sorprender, ya que no lo había visto en mi vida hasta hoy.

Cuando me di cuenta, ya no me estaba observando. Miraba la pileta… Pileta que no le salía ni una pizca de agua y eso que estábamos en primavera. No me puedo quejar tampoco. El clima era tan cambiante que invierno podría ser perfectamente verano y viceversa. Y aunque no hacía calor, faltaba que la pileta le diera un poco de vida a este parque…

Los ojos del chico no los podía describir ya que llevaba unos lentes de marcos color blanco y vidrio negro. Le quedaba muy bien. Hecho para él. Su polerón era de un color chillón, fucsia o anaranjado, no sabría que color en específico. Pantalones de color negro y algo moldeados a su cuerpo (quizás demasiado), pero que le quedaban a la perfección. Zapatillas Converse color negro como las mías, lo cual le da un punto a su favor. En realidad, ya tiene varios puntos a su favor…

Durante todo este tiempo viéndolo, se me hizo interesante, demasiado diría yo. Nunca me había dedicado a observar tanto a una misma persona. Siempre eran dos minutos por cada una, pero con él, ya eran más de media hora.

Siempre que lo observaba para saber como eran sus gestos y demás, se volteaba y me miraba. Yo sabía que así era, tenía un presentimiento de esos que no se equivocan nunca. Y como siempre, yo volteaba hacia otro lado. Y esta vez miré a los chicos de la escuela. Se me quedaban mirando también, riéndose entre ellos. Quizás que estarían pensando de mí. ¿Qué soy extraño por estar mirando personas todo el tiempo? Los chicos ya me conocían. Me veían siempre, todos los días, en el mismo banco. Mirando y mirando la distinta gente como pasaba, se sentaban, conversaban, reían, jugaban… El parque era el lugar indicado para todo.

Tenía frío. Un viento brusco llegó a mi lado y también hasta donde estaba el vagabundo durmiendo, llevándose con él, todos los periódicos que lo cubrían pero que no le importaba. Al fin y al cabo, no lo abrigaban para nada.

Dirigí mi mirada hacía ese chico nuevamente. Curiosamente, me estaba mirando (no sé en que momento). Agaché la mirada un poco avergonzado, él si pensaría que soy un total extraño y eso que no me conoce de nada. Para mi suerte, llegó una llamada a su celular, de la cual me libró de este momento tan incómodo.

Contestó y se le escuchaba claramente la voz. Me reí por dentro… De todas las voces que habían en el parque, me percaté solamente de la suya y es como si no hubiera nadie más a su alrededor y todo estuviera en completo silencio. Un “entonces no vendrás” me llamó la atención. Seguramente estaba hablando con su novia. Su voz era igual de encantador que él. “Está bien… Nos veremos en otra ocasión, Adiós” fue lo que finalizó la conversación. En él se veía decepción…

Gente que no te cumple una vez, no te cumple nunca, ese era mi lema.

Este caso parece no ser diferente.

Se quedó en el mismo banco durante más de veinte minutos. Mirando y analizando a la gente igual que yo y me preguntaba si pensaríamos lo mismo por cada persona que pasaba delante de él. Estaba serio. La llamada no le pareció de la más agradable.

De vez en cuando, el vagabundo que daba diez vueltas en el mismo lugar, me nublaba la vista y se sentaba nuevamente. Al igual que los perros que correteaban a las palomas y estas pasaban muy cerca de mí. No les tenía miedo, pero sí a que alguna de ellas me “cagaran” encima. Más de una vez me pasó, dando de que hablar a las personas que me conocían y de los chicos de la escuela, matándose de la risa por tal hecho.

Ahora no quería dar el mismo tipo de espectáculo.

Un señor se me acercó, preguntándome si es que estaba esperando a alguien. ¿A quién estaría esperando un chico como yo? No era lo bastante guapo y lindo como para que una chica me pidiera una cita. Al menos eso pensaba… Mi carrera no lo valía tampoco. Todas las personas decían que si estaba en esa carrera era por ser un total nerd. Yo más bien me clasificaría como alguien culto y no una mierda de persona. La gente no sabe como tratar a las personas como deben ser. Yo solo pienso que ellos no son cultos y yo sí, que me sé historias, leyendas, mitos interesantes. Textos de grandes escritores que cuentan la historias de cercanos, de amigos, su historia…

─No… ─le dije finalmente al caballero.

─Perdón si lo molesto ─dijo este.

─No, para nada.

─Sabe, es que me llamaron de un número que no tengo en mi celular ─me mostró su celular. Era de esos casi antigüos en forma de tapa que se abren y cierran fácilmente ─. ¿Usted me podría anotar el último número en un papel? ─me extendió el celular.

¿Estaba dudoso? Lo estaba. No es por que no quisiera ayudar ni nada parecido.

Una vez vi en un noticiero del truco de un celular. Donde una señora o un caballero te pedía buscar un número en específico y si lo podía llamar diciendo tal y tal cosa. Caían al suelo como si les hubieran dado somníferos en pleno día, les robaban sus pertenencias y se escapaban. No se sabían de ellos.

Esta no era la excepción. Y para que mentir, tenía un poco de miedo. No todos los días se me acerca un señor a pedirme lo mismo.

─No tengo lápiz ni papel, lo siento… ─contesté.

─Oh… Y si me consigo algo, ¿lo podría anotar? ─solo asentí resignado.

No sé qué podría ver en mí que le diera confianza, pero ahí estaba. Fue a donde estaba un caballero con una señora y estos le dijeron que no tenían nada de eso. Se fue a otro lugar y tampoco. Finalmente me miró y me dio las gracias (aunque no haya hecho nada por él) y se dirigió a una cabina de seguridad ciudadana. Ya había una persona para atender a las personas que lo deseaban.

La señora lo atendió y al parecer… aceptó ayudarlo. Quizás el caballero no era de los mismos que vi en el noticiero y me di cuenta de que fui yo quien juzgué mal a esa persona. Pero no me arrepiento, de repente puedo ser muy ingenuo y en una de esas, no la estaría contando ahora.

Mi mirada se fue al cielo. Estaba nublado pero ya entraban pequeños rayos de sol. Era simplemente… genial. Yo tenía un poco de frío y el sol ayudaría a abrigarme, a abrigarnos, ya que todos estaban abrigados hasta el cuello. Cerré los ojos disfrutando del momento. En eso reparo de que me había olvidado del chico. Volví a ver donde estaba… pero se había ido y yo no podía hacer nada. Era solo una persona que pasaba por ahí, una vez a las quinientas, pero una de las más interesantes que he visto.

No estaba decepcionado ni frustrado. Eché un vistazo al parque. Los chicos ya no estaban, se habían ido también. El vagabundo seguía en su mismo plan de dar vueltas y volver a su asiento. Los perros seguían correteando las palomas. Señoras seguían pasando con sus hijos. Ejecutivos seguían fumando como si el mundo se fuera a acabar. El vagabundo dormido, seguía dormido. El otro, ya no estaba. El diario, con las pocas hojas que tenía, había sido puesto encima del señor durmiente. La pileta seguía sin movimientos de agua y yo… seguía en el mismo lugar de siempre: pensando, analizando, observando, clasificando… Pero esta vez, ya no estaba ese chico interesante como para quedarme más tiempo. Me levanté y me dispuse a ir a casa.

*     *     *     *     *

Ya era lunes. Día de ir a la bendita universidad. No tenía ganas pero debía tenerlas sí o sí, según mi madre.

No me disgustaba el hecho. Siempre fui un chico responsable desde pequeño. Nunca falté a ninguna clase, ni a una prueba, a excepción del fallecimiento de algún familiar o de mi padre…

Tenía trece años en ese entonces. Me costó mucho retomar las materias. Todos me apoyaban y animaban cada día. Los profesores comprendían el por qué de mis distracciones y de algunas bajas notas. Cosa que los hacían pensar en darme una segunda oportunidad porque sabían que tenía altas clasificaciones. Oportunidad que agradecía y cumplía eficientemente.

Ya no vivía con mi madre, pero si iba de visita los fines de semana. Y también en las vacaciones. Pero, todos los fines de semana es solo para ir a ese parque en particular. Mientras que los días de semana me los tomaba estudiando y haciendo miles de tareas de los profesores y de repente me arrancaba a un parque cercano.

─Soo ─gritó una persona. No era cualquier persona, era mi amigo, Luhan.

Nos conocíamos desde que tenía trece años. Él un año mayor que yo, pero aquí estamos, en la misma universidad.

Fue extraño su acercamiento. No lo conocía, no me conocía pero si conocía mi caso. Él también había sufrido lo mismo, una pérdida, su madre… No el mismo accidente, pero a la misma edad que yo tenía.

No sé como fue que me pude sensibilizar con él. Me tomó de la mano y me acariciaba mientras le contaba lo que sentía, la impotencia de los sucesos que podrían haberse evitado, mientras mis lágrimas caían a cántaros como si se trataran de cataratas. Yo me derrumbaba por dentro y él lo hizo conmigo. También lloró, como si hubiera revivido su pasado en mí. Nos costó retomar la tranquilidad pero al final sonreímos como si nos conocieramos de toda la vida. Me sentí protegido por él. Sentí que de verdad esta era la oportunidad de tener una amistad de no interés y que no debía despreciarla.

Desde ese momento, no nos separábamos para nada. Él iba una curso mayor que yo pero igual nos juntábamos en la cafetería de la escuela. Me presentaba a sus compañeros de clase (para hacer más ambiente), pero que al cabo, no me acostumbraba. Una vez se lo dije y me entendió. Es como si hubiera hecho un click en él y comenzó a preguntarme todas las cosas que me gustaban y disgustaban. Por lo tanto, él sabe todo de mí y yo sé todo de él.

─¡Soo!

─Qué ─grité desde el interior del baño.

Hasta en eso habíamos coincidido, en los dormitorios.

Yo sabía que él saldría un año antes que yo para poder ir a la universidad. Lo que más me sorprendió fue que me dijo que estudiaría un año para esperarme y así entrar juntos.

Sinceramente, él tenía que estudiar para ingresar, pero yo, pasaba directamente a estar inscrito y ser aceptado por las calificaciones. Aunque… las calificaciones se fueron al carajo por el solo haber elegido esta carrera… Literatura.

El decano quedó sorprendido por mi elección. Más que por la carrera, por las notas y lo que estoy desperdiciando. Perfectamente podría haber elegido en algo que incluyera científicos, cálculos y esas cosas. Pero no, elegí Literatura. Me encanta escribir, es por eso que me gusta ver a las personas en un parque porque hay más variedad, más historias que contar…

─Debes apurarte ─me gritó del otro lado.

─¡Ya voy! Demonios… ─esto último lo dije en voz baja pero no pasó desapercibido por mi amigo.

─¡¿Qué dijiste?!

─¡Que ya voy, amigo! ─mentí.

─¡Sí, claro! ¡Ya te voy a hacer amigo! ─enfatizó perfectamente la palabra amigo, lo cual me hizo reír. Seguramente me dará uno que otro palmazo en el trasero.

Raro pero cierto. Se hizo costumbre en nosotros que cada vez que mentíamos en decir algo o molestarnos hasta no más poder, nos pegamos en el trasero. Doloroso pero divertido.

Ya estaba por terminar. Eran las 7:45 am exactamente. A las 8 am entrábamos a clases y el edificio no estaba lejos de la universidad.

Hice mis últimos retoques al cabello y salí con descuido, porque LuHan me había pegado, escociéndome el trasero.

─¡AUCH! ─hice un mohín de enfado y se puso a reír.

─Te dije que te apuraras. Te has tomado más de una hora ─miraba su reloj ─. Te puedo asegurar a que estabas pensando como todas las veces que siempre estás en el baño ─me miró con desaprobación.

─No asegures, sabes que es cierto.

─Esa carrera te tiene loco, en serio ─negó con la cabeza ─. Deberías tomar opciones diferentes… ─pero le corté.

─Falta un año para que salga… ─lo miré enojado e impactado ─. ¿En serio quieres que me cambie de carrera en el ÚLTIMO año? ─le recalqué la palabra “último”.

─Bueno, solo decía… ─hizo un puchero.

─Como siempre tan estúpido.

─Para… ─me mostró la mano, claramente con la intensión de querer pegarme en el trasero por segunda vez en el día.

─Ya, ya ─lo tranquilicé ─. Mejor vámonos…

─¿Estás loco? No me has dejado el baño desde… Bueno, no sé desde que hora, ¿y quieres que vaya en esta facha? ─lo miré de pies a cabeza, todavía seguía en pijamas.

─Bueno, entonces, apúrate ─lo dije con la intención de bromear un poco y al parecer funcionó.

─Ya verás… Ya verás… ─me amenazó mostrando su mano antes de entrar en el baño.

Seguramente me ganaría el segundo palmazo en el día muy pronto.

*     *     *     *     *

Luhan se había arreglado en tiempo récord, todo por mi culpa pero no me arrepentía.

Este era el primer día del último año de universidad. Muchos habían cambiado su look. Incluyéndonos Luhan y yo. Mi amigo se pintó el pelo de color anaranjado y se lo cortó un poco. Yo me rapé a los lados, no mucho, y me tinturé de un color rojizo oscuro, algo que no se notara mucho, al menos a la luz del día.

Me contradecía un poco, ya que estudiando Literatura, debía verme formal y lo más normal posible. Solo quise cambiar. Ya era último año y, aunque era algo ilógico en mí, quería divertirme un poco. Luhan siempre era el que se divertía porque estaba en la carrera de danza. Por lo tanto siempre iban a fiestas y toda la cosa. Mientras que yo, siempre me quedaba en el dormitorio y en esos momentos solo, los pasaba tanto en el dormitorio como al parque cercano al edificio. Me relajaba, veía la gente pasar, no tanta como la que está cerca de casa de mamá, pero eran igual de interesantes. Conocer personas nuevas siempre lo era.

Así es como me doy algo de inspiración para poder escribir un libro. Libro que todavía no tiene ni un título y ningún contenido, y que quería comenzar pronto, para tener opiniones de mis profesores y maestros.

En fin… Habíamos llegado. Todos saludábamos a los nuestros. Luhan no saludaba a los de mi carrera. Creía que todos eran aburridos y el único que destacaba ahí, era yo. Yo siempre saludaba a los suyos. Todos me conocían por parte de Luhan. No sé que tanto les contará de mí. Que soy gracioso, divertido, que me gustan las fiestas, cosas que no era real. Y claro, yo no me sabía los nombres (soy malísimo para acordarme de eso).

El último en saludar fue a un chico alto. No me acuerdo haberlo visto antes o quizás sí lo saludé pero había cambiado look. Realmente no me acuerdo de él. Nos dimos la mano y solo le sonreí. Cuando vi que Luhan se iba, fui corriendo rápidamente hacia él. Luego dirigí la mirada hacia el chico que quedó estático en el mismo lugar, con la mano tendida como la había dejado yo. Me pareció extraño…

─Oye… ─llamé la atención de mi amigo ─, ¿ese chico desde cuándo está en tu clase? ─pregunté para señalarle al chico.

─¿Jongin? ─miró la dirección de mi mano ─. Siempre ha estado en la clase.

─¿En serio? No me acordaba de él.

─Constantemente anda cambiando de look. Por lo que veo, ahora está en estado normal ─se rió.

Caminamos dentro del campus para esperar el respectivo discurso del decano. Lo mismo de siempre. Saludos a los estudiantes nuevos, ánimos para los que están a dos años de terminar y felicitaciones a los que les queda solamente un año. Aunque no debería todavía, muchos de ellos seguramente se quedarán en las carreras por reprobar materias.

Después del discurso, todos nos dirigimos a las salas. Ahí me despedí de mi amigo. Ya no nos veríamos hasta los recesos o tal vez en el casino, dependiendo de las circunstancias.

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Licencia de Creative Commons
Nuestra Historia by MKiSS [Stephanie P. Cortés V.] is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://www.amor-yaoi.com/fanfic/viewstory.php?sid=110365&chapter=1.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en https://utopiakfiction.wordpress.com/2013/12/05/nuestra-historia-new-fanfic-capitulo-1/

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