JongIn in a Suit (Goodbye Suit!) {OneShot} {Capítulo Único}

Título: JongIn in a Suit (Goodbye Suit!)

Autora: LIA

Género: Smut ; romance ; PWP

Categoría: Hétero

Grupo: EXO

Clasificación: +15

Disclaimer: Kai de EXO no me pertenece (Ojalá sí). La historia es producto de mi imaginación.

Nota de Autora: ¡Hooooola! Nueva autora reportándose al deber ♥ Ojalá les gusten mis escritos y espero verlas seguido; siéntanse en libertad de dejar sus comentarios, siempre son muy agradecidos; por favor, denle mucho amor al blog y todas las autoras que aquí participamos~ ♥

—¡Puedo simplemente no ir! —Los gimoteos de JongIn se hicieron escuchar por toda la habitación. Estaba parado frente al espejo completo del enorme baño de la recámara principal, mientras se ponía la corbata de tan mala gana que lo hacía erróneamente una y otra vez—. ¡Quedémonos a ver películas, o dormir todo el día! —Volvió a decir en voz alta, haciendo gestos extraños frente al espejo.

—¿Estás loco? —La demandante voz femenina le respondió al instante, y JongIn se asomó por la puerta del baño hacia la recámara, con la corbata hecha un nudo en el cuello. La vio tendida bocabajo, atravesada sobre la cama, con la cabeza colgada para buscar algo debajo de ésta. Pero no fue eso lo que atrapó la mirada atenta de JongIn, sino el vistazo de su piel caribeña que dejaba a la vista aquella blusita de tiras que se había levantado hasta su cintura. Intentó despejar la mirada, mientras sentía una oleada de calor recorrerle el rostro, pero no pudo, mucho menos cuando se percató del pequeño short que dejaba a la vista la mitad de los muslos torneados y se ceñía sobre aquél redondo y firme trasero de su novia. Fue entonces cuando el joven esbelto siseó en frustración, tirando de su cabello con fuerza y haciendo un mohín infantil.

No importaba cuánto él lo necesitase, ella insistiría de nuevo en que no era momento para quedarse en casa, bajo ninguna circunstancia. Y no es que de repente la hubiese visto de esa manera y empezara a desearla. No la había tenido en lo que a él le parecían años, sin embargo, cada vez que iban a cruzar de nuevo el límite, algo lo impedía. Él lo comprendía, Lena era de ese tipo de chicas que no tomaban la iniciativa fácilmente y encima eran determinantes, y la siempre ocupada agenda de él, con sus extenuantes horarios y actividades, tampoco ayudaba para nada. En el año completo que llevaban de noviazgo, sólo habían intimado una vez. Claro, siempre había besos y caricias, pero nunca les daba tiempo para llevarlas hasta debajo de la ropa. Y JongIn ya no podía contenerse más.
La vio ponerse de pie en silencio, se arregló la blusa con manos rápidas –y aun así sus ávidos ojos interceptaron el movimiento de sus pequeños pero firmes senos contra la ropa- y corrió a su encuentro, con la toalla que él mismo había lanzado debajo de la cama después de salir de la ducha.

—Tu corbata es un desastre —Se burló ella con suavidad, mientras se colocaba delante de un enfurruñado JongIn, con el peinado deshecho y las cejas fruncidas—. Así está mejor —Murmuró Lena, con sus grandes ojos oscuros fijos en el nuevo nudo de la corbata. Plegó la tela de la camisa que cubría los hombros de JongIn, acomodándola con suavidad con sus manos, para dirigirlas hacia su pecho fuerte y esbelto y dejarlas reposar ahí.

Lena sintió que su corazón latía a mil por hora, y tuvo que contener un gran suspiro de niña enamorada. JongIn se veía guapísimo, increíblemente elegante y masculino, o quizás era la lujosa colonia que le perfumaba lo que le producía esa sensación tan intensa de hormiguitas por todo su cuerpo.

—¿Me veo bien? —Preguntó JongIn posando sus grandes manos en las caderas de la chica, que apartó la vista de su pecho para posarlos en sus ojos con una tímida y tierna sonrisa en los labios. “Te ves perfecto”, pensó mientras asentía con insistencia y adoración.
JongIn era muchísimo más alto que ella, y a él le parecía demasiado adorable eso. Así podía tomarla en sus brazos, hincar la quijada contra la coronilla de su cabeza, alzarla cuando se besaban, y lo que más le gustaba: acariciarle el cuello y los hombros con los labios cuando la hallaba de espaldas a él, hojeando un libro o pintando en el estudio.

—Mejor me quedo aquí, contigo. Será muy aburrido ahí sin ti—Replicó JongIn por enésima vez, aporreando el piso con los pies, como un niño chiquito pidiéndole un nuevo juguete a su madre. Lena rio quedito, sintiéndose pequeña y extrañamente tímida bajo los pucheros de su novio. JongIn no era de hacer pucheros por nada, y la idea de que él quisiera quedarse con ella todo el día tan como ella misma, le hizo sentirse abrumada. Pasaban poco tiempo los dos juntos, y cuando estaban juntos, ella no sabía cómo actuar o qué debía hacer. Sólo dejaba que la besara durante horas, y en otras ocasiones, llegaban al extremo contrario de tratarse como hermanos, jugar a atraparse por toda la casa o sentarse a ver sus películas favoritas en la sala, simplemente recargándose uno en el otro y riendo por nada. Podía ser extraña, pero a ambos les encantaba ese tipo de relación que mantenían. Mientras JongIn se tomaba con más en serio la parte intima, con besos que le quitaban el aliento, ella se encargaba de los juegos infantiles, de salir por la calle para comprar calcetas de princesas para ambos y hacerle coletas mientras dormía. De hacerle una rica cena cuando la visitaba tarde por las noches, o la dejaba quedarse a dormir en su apartamento. Ella ponía el abrazo de despedida, y él el último beso, aprisionándola contra la pared.

—¡No, Kim JongIn! Es una entrega de premios, «amor», no una fiesta común y corriente —Lena le pellizcó las mejillas antes de abrir las palmas sobre ellas y apachurrarlas esta vez, haciendo que sus labios saltaran de su rostro, viéndose más gruesos y tiernos de lo que ya eran. A JongIn le encantaba que le llamara “amor” en su lengua materna. Lena no era coreana y su idioma nativo era el español, y aunque llevara casi toda su vida en Corea, había ciertas cosas que nunca cambiarían y que él adoraba por completo—. ¿Estás escuchándome? —JongIn volvió a hacer pucheros aunque sus mejillas estuviesen apretujadas entre las manos de su chica, y luego, como si sus ruegos hubiesen sido atendidos, Lena se puso de puntitas sobre sus pies para alcanzar sus labios y depositar un rápido e inocente beso sobre ellos. Fue instantáneo, ni siquiera pudo saborearla cuando ya se había alejado de él por completo.

Ninguno dijo nada hasta que ella salió por la puerta llevando el saco oscuro que JongIn usaría en la ceremonia. Ni siquiera era una entrega de premios internacional, pero EXO estaba nominado y aunque el triunfo estaba más que asegurado, el grupo completo debía estar presente. Y eso que JongIn tenía más ganas que nunca de quedarse en casa, incluso si sólo la abrazaba mientras miraban una película más.
Se arregló el cabello, sin tanto esfuerzo, y salió hacia la sala del departamento, donde Lena lo esperaba ansiosa en la puerta, con los pies descalzos uno encima del otro, y sosteniendo con ambas manos los hombros de su saco negro.

Uno de los managers había hablado para decirle que en un par de minutos estaría ahí, para recogerle y llevarlo al edificio de la SM, de dónde saldrían todos juntos en el autobús oficial. Así que simplemente terminó de alistarse y caminó hacia ella, que lo miraba expectante con una hermosa sonrisa en sus labios carnosos.

—¿Te quedarás a esperarme? Quizás regrese en la madrugada —Le contestó él cogiendo el saco y calándoselo sobre los hombros.

—Debería irme a casa —Respondió Lena volviendo a alisarle el saco sobre los hombros. Lena amaba hacer eso tanto como JongIn amaba que lo hiciera. Pero ninguno de los dos decía nada—. Morris se quedó sin comida hoy, y se acabará pronto lo de su plato.

—Ese gato estúpido no necesita comer más, con toda la grasa que tiene encima—Gruñó JongIn como un niño pequeño, antes de mirar su reloj de pulso por última vez—. Hyung ya debe estar en el aparcamiento, te veré… ¿Mañana?

—Posiblemente.

—Vale.

Lena sabía exactamente cuándo llegaba Kai y JongIn desaparecía, y sabía que estaba a punto de suceder, así que antes de que su novio desapareciera por esa puerta y se convirtiera en el flamante ídolo que era sobre el escenario y que derretía a miles de fanáticas son sólo sonreír, haló de su muñeca hasta tenerlo frente a sí nuevamente, se esforzó por mantenerse de puntitas y lo besó en los labios, anclando los brazos a su cuello hasta sentir que sólo la ropa es lo que les impedía fundirse en uno solo en ese abrazo.

—Te quiero —Le dijo cuando el aire se le acabó al fin. JongIn la sostuvo un poco más por la cintura, apenas rozando la pequeña y respingona nariz de Lena con la suya.

—Yo también te quiero —Le susurró contra los labios, antes de besarla por última vez con un ardor que a veces llegaba a asustar a Lena, y eso que ni siquiera había movido los brazos para levantarla o la había acorralado contra la pared. Simplemente la había besado, tirando de su labio inferior repetidamente, con dulzura y suavidad, y nada más.

Luego se alejó, respirando agitadamente como si hubiese corrido una maratón, y salió por la puerta dando un portazo. Lena se quedó como si estuviera petrificada mirando el camino invisible que JongIn dejó detrás de él. Como si su esencia se hubiese quedado ahí, y suspiró.
¿Por qué le hacía esto? ¿Qué mal había hecho ella para que JongIn la hiciera querer ponerse de rodillas?

* * *

—¡Kai, vámonos! —La voz de D.O. sacó a JongIn del celular que mantenía entre sus manos. Miraba la pantalla detenidamente, escrutando el único mensaje que le había enviado a su novia, y que seguía sin respuesta.

“Te extraño~”
“Yo te veo en televisión~”
“¿Duermes?”

JongIn bufó frustrado y KyungSoo se acercó a él cuando se dio cuenta que el menor no le había hecho caso alguno. Estaban en la vagoneta, a las afueras del edificio de SM. Los chicos habían decidido festejar de forma privada por su premio, y no es que a Kai no le alegrara eso, simplemente… Bueno, no era el primer premio que recibían, pero sí el primero que obtenía estando con Lena. Quería estar con ella. Recibir su abrazo y quedarse ahí para siempre.

—¿Por qué no vas a casa? —Le preguntó KyungSoo al ponerse frente a él. JongIn lo miró por debajo de sus pestañas un segundo, y luego volvió su vista al celular, esperando a que éste le avisara de un nuevo mensaje.

—Seguro querrán que me quede… —Musitó JongIn evitando un mohín. Escuchó a su mejor amigo reírse, y sintió como un manojo de llaves caía sobre su regazo.

—Asegúrate de llevarlo mañana a la compañía… Yo me encargo de los managers —Le guiñó el ojo, y JongIn sonrió tan amplio como pudo, dándose cuenta de que KyungSoo acababa de darle la llave del automóvil de la empresa. No podía llevarse la vagoneta, pero sí el viejo automóvil negro que pocas veces usaban. Si llevaba gorra y lentes, las fans lo confundirían con algún manager y no le seguirían… Podría llegar a casa… Y estar con Lena.

Cuando llegó a casa, todo estaba completamente silencioso, y la luz de los faroles apenas se colaba por las cortinas blancas. Llamó su nombre un par de veces mientras caminaba por el pasillo de la puerta y notó una inquieta luz iluminando la sala.

La vio ahí, medio sentada sobre el sofá, con la mitad del cuerpo recargado en el brazo del mueble, completamente dormida. JongIn no pudo evitar que una amplia sonrisa se dibujara en su rostro, y caminó hasta ella, sacándose el saco oscuro mientras lo hacía, antes de dejarlo en la mesita de centro. Cuando estuvo frente del sofá, cubriendo la luz del televisor encendido, se puso en cuclillas y le acarició uno de los muslos por encima de la manta. No quería despertarla, así que alejó la mano y la posó sobre una de sus mejillas, levantándose para así poder tomarla en brazos y llevarla a la habitación, donde al menos le ahorraría un incómodo amanecer con el cuerpo adolorido por la posición tan poco conveniente en que se encontraba. Se inclinó hacia ella, la rodeó con los brazos e intento alzarla.

Lena se removió en ese momento, despertando como una gatita perezosa, elevando el pecho y arqueando la espalda con languidez, pegándose inconscientemente al torso de JongIn, que en ese momento se detuvo como quien se queda congelado.
Cuando Lena se percató de aquél roce, abrió los ojos rápidamente, encontrándose con la mirada turbia y sorprendida de JongIn.

—Lle-llegaste —Balbuceó adormilada todavía.

—Sí… Yo… acabo de… —Susurró JongIn, empezando a perderse en la forma en que ella parpadeaba confundida, y se relamía los labios antes de morderlos, ansiosa—. ¿Quieres que… que te lleve arriba?

—No… —Respondió Lena, suspirando y adorando la forma en que la camisa blanca se le ceñía en los hombros y el pecho—. Quiero… Quiero que me beses—. Soltó de repente, sabiendo que el letargo la atontaba al punto de no poder morderse la lengua. Lena no pudo reaccionar más, apenas había terminado de hablar cuando los labios gruesos y cálidos de JongIn ya estaban presionando los suyos. La soltó de los brazos, apoyando las palmas abiertas de sus manos a ambos lados de la cabeza de Lena, para poder inclinarse más hacia ella.
Hace tiempo que lo deseaba. Hacía mucho tiempo que sabía que aquella inhibición estaba demás, y por cosa del sueño que todavía la abrumaba, había podido pasar esa barrera. JongIn tiró de su labio inferior, y Lena abrió la boca automáticamente, permitiéndole el acceso a su cavidad. La lengua de JongIn invadió su boca lentamente, primero acarició con la punta el interior de sus labios, y cuando la lengua de Lena salió en su búsqueda olvidando la timidez, arremetió con fuerza, tocando cada rincón que alcanzaba.

JongIn se acercó más a ella, hasta estar hincado entre las piernas separadas de Lena, besándola y obligándola a mantener el rostro hacia arriba para poder seguir haciéndolo. Lena gimió casi imperceptiblemente, y sus manos volaron hacia los hombros de JongIn. Aunque eran delgados, y no tan anchos, Lena podía sentir la fuerza de sus músculos, y la tensión de estos.
Viajó las manos hasta su cuello, acariciando su barbilla partida con los pulgares cuando JongIn se separó para mirarla a los ojos.
Su pecho subía y bajaba rápidamente, y su respiración se hacía pesada. Lena vio en sus orbes oscuros, apenas iluminados parcialmente por la luz muda del televisor, algo similar a un ruego. Supo que él también estaba ansiando lo que ella llevaba meses pidiendo secretamente. Asintió con la cabeza, dándole permiso de hacer con ella lo que le placiera, como la primera vez que le hizo el amor.
JongIn la miró un largo segundo antes de besarla nuevamente, con un ardor que la hizo gemir bajo sus labios, arqueándose hacia su cuerpo erguido. JongIn empezó a dejar besos suaves como plumas por sus mejillas, bajando hasta su quijada femenina antes de continuar su camino al cuello de Lena.

La chica tembló suavemente cuando sintió la húmeda textura de su lengua que le acarició el cuello, dejando pequeños toquecitos húmedos en diferentes sitios. Bajó lentamente, besando cada rastro de piel que estaba al descubierto, haciendo que el corazón de Lena latiera cada vez más rápido. Llegó hasta el borde de la camiseta holgada que Lena usaba y que reconoció como suya, y sonrió de medio lado. Amaba que Lena usara su ropa, lejos de incomodarlo. Esta siempre quedaba impregnada con su perfume, y él amaba eso. Amaba verla con sus camisetas que le quedaban gigantes, que usara sus camisas de vestir de vez en cuanto, de alguna forma, sentía que remarcaba más el hecho de que ella era suya y siempre lo sería.
Sin embargo, por más que le gustara, en ese momento sólo quería sacársela de encima. Tomó las orillas de la camiseta, y tiró de ella hacia arriba, con cuidado, sacándola por encima de su cabeza con total maestría. JongIn tragó pesado cuando se
percató que Lena no llevaba nada más debajo de la camiseta, salvo unos pantaloncillos que le llegaban a medio muslo.
Sus senos firmes y redondos se dibujaron de perfil a la luz intermitente del televisor detrás de JongIn, y Lena fijó sus ojos en el rostro de JongIn, quien no podía apartar la mirada de los montículos de carne que relucían para él, con sus puntas oscuras endurecidas por él y para él.

JongIn no pudo evitar esas ganas de tocarlas… Con sus dientes. Y Lena se quedó tensa cuando sintió como sus labios se cerraban sobre uno de sus pezones. JongIn pasó la lengua con suavidad sobre la cima endurecida, y dejó que su respiración acariciara la zona húmeda. Sonrió de medio lado cuando la escuchó sisear casi imperceptiblemente. JongIn quiso saber qué tan loca podrí volverla, así que atrapó aquel diminuto monte entre sus dientes con sumo cuidado y tiró de él lo suficiente para hacerla soltar un gemido. Lena le enredó los dedos en el cabello y se arqueó más contra su boca.

“Por favor” fue el ruego silencioso que movió sus labios, y JongIn decidió que el compañero de ese pezón también necesitaba atención. Repitió sus movimientos, hasta que Lena jadeó desesperada contra sus labios. Esta vez, sus palabras fueron audibles, y pese a eso, JongIn no hizo el menor de los casos.

Empezó a descender, callado y sigiloso como un ratón, hasta explorar el ombligo de Lena con la lengua; tomó un mordisco de la curva entre su estrecha cintura y sus redondas caderas que la hizo estremecerse y soltar una risita nerviosa. Lena tenía muchas cosquillas en esa zona, así que volvió a hacerlo en el lado contrario. Esta vez no fue una risita, sino un tirón de cabello lo que recibió.

—Lo siento… —Susurró Lena, aunque no estaba segura de si JongIn podría escucharla. Pensó fugazmente que no era momento ideal para disculparse por un tirón de cabello, y terminó por confirmarlo cuando JongIn hizo un movimiento que la sacó de su cabeza.
Le había apartado las piernas con las manos, y Lena ni cuenta se había dado que ahora estaba hincado frente al sofá, con los hombros en medio de sus muslos debido a su estatura. Cuando sintió los fríos dedos de JongIn tomar el elástico de sus bragas, Lena se puso tensa, soltándole el cabello para empujarle por los hombros débilmente, pero JongIn empezó a pasear sus labios sobre la piel interna de su muslo, a la altura de la rodilla, y la chica perdió toda fuerza en sus brazos, simplemente dejó que sus palmas descansaran contra la tela que cubría sus fibrosos hombros, y suspiró sin poder evitarlo.

JongIn reemplazó sus labios por su lengua, dejando suaves puntos, como si fueran toques de pincel, sobre la piel expuesta, y antes que Lena pudiera decir algo, deslizó la ropa interior por sus piernas y la arrojó lejos de ellos.
Empezó a dejar un camino de besos contra el interior de su muslo izquierdo, besando, mordisqueando, lamiendo, hasta que Lena se sentó violentamente sobre el sofá -donde había estado recostada contra el respaldo- al sentir la cálida respiración de JongIn contra aquella zona tan íntima y femenina.

No era como que JongIn nunca la hubiese tocado ahí, pero había una gran diferencia entre usar la punta de sus dedos, a…
Lena siseó.
JongIn había apartado los rizos que cubrían su feminidad con los pulgares, y sus manos se colaron entre el cuerpo de Lena y el sofá, para tomarla por el trasero y acercarla a la orilla del mueble. Lena intentó poner resistencia, ¿pero qué caso tenía? JongIn siempre hacía lo que quería con ella cuando la tenía así. Además, no quería negarle nada. Ya suficiente le había dicho “no” antes. Lena cayó de espaldas al respaldo acojinado, sus caderas estaban en el borde del sofá, y JongIn se había acomodado sus piernas sobre los hombros, a cada lado de su cabeza.

Lena cerró los ojos, tomando de nuevo el suave cabello oscuro de JongIn entre sus dedos y le dejó hacer, temblando por la anticipación como una hoja de papel.
JongIn primero presionó los labios contra el capuchón que ocultaba el botón de placer de Lena, la calidez de su respiración la hizo estremecerse lentamente.

—Tanto tiempo… —Masculló JongIn contra su piel intima, y luego, sin previo aviso, la penetró con la lengua, embistiendo una y otra vez con ella. Lena se retorció, recibiendo su húmeda lengua, incapaz de decir algo. JongIn se detuvo un segundo, y la probó como a una paleta de caramelo, evitando tocar su clítoris a toda costa, sólo permitiendo que su respiración lo acariciara, provocándola.
Lena no podía más. Todos sus sentidos estaban en alerta, y sin embargo, no podía concentrarse en nada más que no fuera JongIn haciéndole el amor con la lengua. Tiró de él con una fuerza que pensaba la había abandonado, lo arrastró sobre ella y lo besó con los labios abiertos, dejando que el placer, la pasión y el deseo le arrebataran la timidez y tranquilidad.

Le empezó a desabrochar la camisa blanca en medio del beso, impaciente, y cuando terminó, sus manos saltaron rápidamente a su cinturón. La piel canela de JongIn se veía magnífica en contraste con la camisa blanca, y a ella le encantaba. Aun cuando su propia piel fuese un par de tonos más oscura que la de JongIn.

Él le permitió desabrochar sus pantalones, pero se apartó para quitárselos él mismo, llevándose consigo el bóxer negro que llevaba debajo. Lena abrió los ojos de par en par al notar que cierta parte de la anatomía de JongIn se movía involuntariamente, henchida y pidiendo atención a gritos. Lena se enrojeció por completo, y apartó la vista cuando JongIn caminó hacia ella, ignorando por completo el estado en el que él mismo se encontraba. Como si fuera natural para él.

Lena pensaba que se pondría delante de ella, y terminaría recostándola, sin embargo, lo que hizo fue sentarse junto a ella, tomarla de la nuca para besarla, y arrastrarla encima de él, sentándola a horcajadas sobre sus piernas, besándola con frenesí en los labios. JongIn la tomó de las caderas, pegándola a las suyas, y la masculinidad de él vibró entre sus abdómenes, haciéndolo gemir por la suavidad y la presión. Sus manos subieron a su delgada cintura, haciéndola pegar el resto del torso a él, sintiendo sus senos apretados contra su pecho plano. Lena gimió esta vez, y JongIn movió las caderas para presionar la extensión de su miembro contra el centro cálido y húmedo de Lena. Fue un largo y profundo gemido de ambos lo que se escuchó por toda la sala de estar. JongIn la besó nuevamente, con dientes y lengua, y la hizo levantarse sobre sus rodillas al tiempo que él alzaba las caderas para acomodarse bajo de ella. Lena lo miró a los ojos, ambos parecían dos amantes embriagados, con los mechones de cabello revueltos, los labios hinchados y las miradas perdidas el uno en el otro. Lena lo besó en la frente al tiempo que iba dejándose caer sobre él, que iba encajándose en su dulce y tierno interior, recibiéndolo cálidamente. Ambos sisearon al unísono, y Lena se apoyó en sus hombros mientras iba auto penetrándose lentamente.

Lena ya no era virgen, sin embargo, esta era apenas la segunda ocasión que hacía el amor, y la estrechez de su cuerpo estaba volviendo loco a JongIn. Le mordió el hombro con suavidad cuando al fin Lena lo envolvió por completo. La dejó acostumbrarse a su intromisión por unos segundos, y cuando Lena lo besó en los labios otra vez, empezó a moverle las caderas contra él. Lena soltó un gemido que quedó ahogado entre los labios de JongIn, mientras él le mostraba el ritmo y fuerza con la que debía hacerlo. Cuando Lena pudo hacerlo sola, le soltó las caderas y llevó las manos hasta su cabello enmarañado, oscuro como la noche, hundiendo los dedos en los rizos sedosos.
La amaba, claro que la amaba. Y había esperado demasiado tiempo por esto, por tenerla como una extensión de su propio cuerpo. Mientras la tenía moviéndose con él, la premura se detuvo para él. No quería que terminara rápido, quería amarla toda la noche, y quizás, toda la mañana también, si ella se lo permitía. «Por favor, que sí».

JongIn la hizo bajar el ritmo de sus caderas, la besó tiernamente sobre los labios. A Lena la sobrecogió el cambio, de una pasión desenfrenada y necesitada, a una infinita ternura, aunada a su dulce cadencia.
JongIn le sujetó la espalda, y sin salir de su interior, la acostó sobre la superficie fría del mueble de cuero oscuro, y le acarició uno de los muslos con una mano, mientras se apoyaba en el otro brazo. La miró a los ojos, sin moverse, mientras Lena le acariciaba el pecho, los hombros, el cuello… Hasta llegar a su barbilla partida y atraerlo hacia sí para besarlo tímidamente. JongIn podía sentir cómo Lena movía débilmente las caderas contra él, buscando sus embestidas.

—No hay prisa… —Le susurró contra el oído, inclinándose a ella y acariciándole el muslo una y otra vez, hasta llegar a su trasero.

—Sí… sí la hay —Gimió Lena, aferrándose a sus hombros—. JongIn… Por favor… «Mi vida», por favor…

Las caderas de JongIn obedecieron a las palabras de Lena y no a su cerebro cuando empujó dentro de ella, con una firme y profunda estocada. Ambos gimieron por el placer, y empezó ese vaivén nuevamente. JongIn entraba y salía de ella con una cadencia suave al principio, pero lentamente empezó a ser frenética. Lena lo abrazaba y movía las caderas contra él, en busca de sus firmes estocadas.
Cuando empezó a sentir ese cosquilleo poco familiar en su interior, supo que estaba cerca del orgasmo, y se aferró a él fuertemente, cruzando las piernas por encima del trasero de JongIn, y enterró su rostro en la curva del cuello masculino.

Gimió tan fuerte que sospechó que los vecinos la escucharan, y su mundo explotó en mil pedazos, haciéndola soltar un grito de gloria cuando su interior se ciñó alrededor de JongIn con más fuerza, llevándolo unos segundos después al mismo punto de locura donde se hallaba Lena flotando.

JongIn se derramó en su interior, su esencia ardía en Lena mientras se desplomaba sobre ella, estremeciéndose tanto como ella se estremecía debajo de él.

Cuando se hubo repuesto un poco, aun jadeante, JongIn se irguió sobre sus codos, dejando besos suaves como plumas sobre su frente, mejillas y labios mientras salía de su interior.
Lena se estremeció por lo sensible que estaba aún, y sonrió en la oscuridad a JongIn, que la acariciaba dulcemente. Los brazos, los muslos aun a cada lado de su cadera, su cintura, hasta volver acariciar suavemente sus senos inflamados, esta vez sin afán de seducirlos.
A decir verdad, estaba exhausto y más saciado que nunca. Sentía los músculos de su cuerpo completamente relajados, como si le hubiesen quitado de encima un bulto de papas, y empezaba a picarle el sueño. Se levantó del sofá, y estiró las manos para ayudar a Lena a erguirse con él.
La rodeó con sus brazos desde atrás, y caminaron así hasta el baño de la habitación.

Con los cuerpos sudorosos y pegajosos, y las esencias de cada uno escurriendo en el otro. Podría ser extraño, pero a JongIn le encantaba eso.
La metió a la ducha en total silencio, sonriendo lánguidamente, y dejó que el agua tibia les empapara los cuerpos extenuados. JongIn le lavó el cabello, y Lena le talló la espalda con las manos. Se lavaron mutuamente, sonriéndose, riendo cuando alguno resbalaba un poco o el jabón les hacía demasiada espuma en el rostro.
Al salir, cogió una toalla grande y se envolvió a ambos con ella, abrazándola por la espalda para dirigirla hasta el colchón. Aunque el baño les había espantado un poco el sueño, ambos empezaron a sentir el cansancio invadiendo sus cuerpos, entrelazados y desnudos por debajo de las sábanas.

JongIn apoyó la cabeza en el pecho de Lena, acariciándole el estómago mientras ella paseaba los dedos entre sus cabellos lacios.

—Quiero quedarme así… para siempre —Murmuró Lena somnolienta. Sintiendo los párpados pesados cada vez más.

—No te dejaré ir nunca, Lena… Nunca —Dijo vehementemente, a punto de quedarse dormido. Lena suspiró y susurró un débil “Te amo”. JongIn se incorporó, la acunó contra su cuerpo, y la besó dulcemente antes de responderle contra los labios “Yo también te amo”. Se estremeció, quedándose dormido con ella entre sus brazos.

Nunca había dicho esas palabras, pensaba que con un “te quiero” era suficiente; pero ciertamente, ya no la quería. Porque amar es querer para toda la vida, y él iba a amarla incluso si dejaba de latirle el corazón…

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12 comentarios en “JongIn in a Suit (Goodbye Suit!) {OneShot} {Capítulo Único}

  1. ¡Goooooooooooooosh! ¿es enserio? kjsnvd OMFG, escribes hermoso <3 ya te lo había dicho y este oneshot, oh my gooosh!!! me encantó, realmente me encantó, gosh! es que simplemente no puedo dejar de sonreír como tonta y así, tú entiendes.
    Es bello <3

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  2. unnie realmente escribes hermoso……..pero no puedo acceder a tus publicaciones de shinee me pregunto por que :( …por otro lado este shot me dejo asasdsadasdasfaf boquiabierta sigue asi..

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  3. Ay dios mio! Alabo el día en que dios te trajo al mundo *-* tu y tu celestial imaginacion… Asdfghjkññ yo también estoy esperando con desesperación el día en que Jongin me pertenezca.. ê.ê me encantó esta muy bien redactado!

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  4. Oh por Dios! … que increíble! … que magistral tu forma de describirlo todo … tan hermoso y sensual! … por Dios que extrañaba este tipo de historias, así tan bien escritas… Por favor dame el gusto de volver a leer historias de los chicos de EXO de esta calidad y de este genero hetero que tanto escasea en el fandom! … Te agradezco por esta corta pero magnifica historia! … espero leerte mas! :3

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