Dependencia {One-shot}{Capítulo único}

Dependencia

☞Autora: CeCe
☞Beteado por: CeCe
☞Diseñadora de portada: CeCe
☞Extensión: Oneshot
☞Categoría: Yaoi
☞Clasificación: +17
☞Género: Universo alterno, romance.
☞Grupo: U-Kiss
☞Personajes principales: Kiseop y Kevin.
☞Advertencias: Lemon.
☞Disclaimer: U-Kiss no me pertenece, esto es sin ánimo de lucro.
☞Nota de autora: Mi primer oneshot yaoi vinseop, espero les guste. Ya saben que sus comentarios son bien recibidos.

 

 

 

 

Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos.
“Confucio”

 

 

El día estaba completamente lluvioso. Sin duda no era su día. Kiseop se quedó parado frente a la gran puerta metálica de color caqui. El instituto estaba a reventar del bullicio que los alumnos hacían. Era viernes. Un viernes muy lluvioso y frío. Kiseop se abrazó a si mismo para darse un poco de calor y un tantito de valor.

Sus clases había sido completamente aburridas, sin nada divertido ni nada de nada para su mala suerte. Estaba conciente de que no todos los días serían como ese, pero odiaba cuando así pasaba. Y sin dar más reparaciones a su día, sacó sus audífonos y se los colocó. Subió todo el volumen y siguió su camino bajo la lluvia.

Su casa no quedaba muy lejos de la escuela, a decir verdad, estaba sólo a unas dos cuadras, por lo que el caminar no le pesaba en lo más mínimo. Había tardado más en ponerse los audífonos y localizar la canción de AFI. Caminando al ritmo de Medicate, tarareando y avanzando.

Abrió la puerta de su casa girando la perilla lentamente. Entró y cerró detrás de él. Al dejar sus cosas en el rincón donde siempre, se percató de que había otra mochila más. Se quitó el audífono del lado derecho mientras avanzaba por el estrecho pasillo. Las paredes estaban decoradas por varios cuadros pintorescos de paisajes hermosos, donde el verde era lo que más estaba. Alguna que otra fotografía de algún miembro de la familia interrumpía la línea de imágenes verdes.

El fondo donde colgaban los marcos era de un tono crema. Del lado derecho estaban las escaleras que daban al piso de las habitaciones, y si seguía derecho sin subir, daría directamente con la sala y el comedor, para después llegar a la cocina. Pero Kiseop tomó su tiempo para llegar a donde había ruido.

—Hola— Kiseop entró a la sala y se percató que su madre tenía visitas, de inmediato hizo una reverencia de saludo para luego quedarse exactamente en donde estaba. Aquellas visitas eran nada más y nada menos que la Señora Woo junto con su hijo Kevin. La señora Woo vestía como siempre, con una falta entallada de color rosa, junto con una blusa blanca perlada de manga larga. Siempre con más collares de los que podía cargar. Sus brazos llevaban brazaletes intentando imitar el oro.

—Perdona por la molestia.

—No te preocupes, se puede quedar aquí—comentó amablemente la señora Lee mientras devolvía la reverencia de la señora Woo.

—Vendré por él cuando regrese—Kiseop se despidió de la señora Woo quien besó la frente de su hijo antes de irse. Al parecer Kevin se quedaría unos días en su casa, como muchas otras veces. Kiseop torció los labios cuando Kevin y él se encontraron con las miradas.

Kevin sonreía maliciosamente, acto que no soportó Kiseop. Subió a su habitación y se encerró como muchas otras veces. Colocó su reproductor sobre su pecho, ajustando sus audífonos y volviendo a subir todo el volumen posible.

Such a lonely day and it´s mine the mosto loneliest day of my life…

Sus dedos se movían al compás de los acordes de la guitarra, tarareando al melodía y cerrando sus ojos. La canción se ajustaba a su día como si la hubieran escrito para él, para ése momento tan solitario.

The most loneliest day of my life …

Dejó caer sus brazos a su costado, abriendo los ojos y viendo su techo. Odiaba sentirse tan solo, tan… poca cosa. Sabía que después de un rato se le pasaría—o dejando de escuchar aquella música tan deprimente— pues le pasaba muy a menudo. Repetía los coros en voz baja, mientras se quitaba los audífonos.

Sentía que no podía dejar de sentirse así por toda la tarde y la noche. Pero todo empezó a empeorara cuando Turn it off de Paramore empezó a sonar fuertemente en sus audífonos. Su madre tenía toda la razón al decirle siempre que, el volumen alto lo dejaría sordo, ya que aunque los tuviera sin colocar, se podía escuchar claramente la melodía.

I scraped my knees when I was praying…

Sus pensamientos hilados con la música fueron interrumpidos por el llamado a su puerta. Cuatro golpes fuertes y claros lo sacaron de sus pensamientos egoístas y depresivos en ese momento. Sin mucho ánimo, se levantó y abrió la puerta, para su sorpresa era Kevin, aunque más bien, ya lo estaba esperando.

—¿Qué quieres?— preguntó Kiseop con algo de molesta y rencor.

—¿Quieres hablar?—Kevin daba media sonrisa, mostrando una apariencia de chico malo y con las cejas enarcadas, Kiseop se dio cuenta de sus intenciones. Y no estaba para sus juegos sucios.

—No lo creo.

—Por favor…—Kevin se recargó en el marco de la puerta y se cruzo de brazos—. No me digas que no te gusto—. Escupió las palabras mientras miraba de una manera lujuriosa a Kiseop, quien de inmediato retrocedió.

—No— mintió.

Kevin entró al cuarto y cerró de un golpe la puerta, y sin que Kiseop se diera cuenta, le colocó el seguro. Lentamente avanzó hasta ponerse frente a frente con él. Ambos se miraban fijamente, uno con lujuria y otro con recelo. Pues en cierta manera, Kiseop estaba harto, no quería saber nada de él—aunque por dentro se muriera por estar a su lado—.

—¿En serio?—preguntó Kevin mientras colocaba sus manos en la cintura del chico, quien se quedó atónito al sentir el toque. Ya no sabía qué hacer, si dejarlo continuar o salir corriendo de ahí—que en cierta manera prefería quedarse ahí—.

—Sí…—susurró al sentir el tacto de piel con piel. Kevin había hecho de las suyas y había colado una de sus manos bajo la camisa de Kiseop.

Un suspiro se le escapó mientras sentía aquella caricia. Kevin sonría maliciosamente mientras Kiseop cerraba los ojos.

—¡No!—se separó de golpe Kiseop; Kevin se quedó ahí, anonadado por lo que había hecho el chico. Se le había escapado, le había dicho que no a él. Kevin enarcó una ceja y volvió a acercarse a él lentamente.

—Vamos Kiseopie… sabes que tu también lo deseas…—Dicho esto, lo tomó de la cintura y lo empujó sobre su cama. Kevin se colocó sobre él.

Kiseop había entrado en una especie de shock, pues odiaba que él hiciera eso, pero también lo deseaba. Mordió su labio inferior, sintiendo como Kevin lo tocaba. Las descargas de electricidad que producían sus movimientos eran adictivos.

Aún no anochecía, aún estaba el sol en pleno cielo despejado. Algunos rayos de sol daban directo sobre su cama, y otros sobre ellos. Kevin lo miraba fijamente, acercándose lentamente hasta sus labios. Y así pasó. Sus labios chocaron con fuerza. Con desesperación.

Kevin había esperado tanto tiempo para volver a estar así con él, mientras que Kiseop esperaba poder olvidar cada parte de su ser, olvidar aquellas caricias que lo enloquecían, aquellos besos que soltaban su lado salvaje… Olvidar a aquel chico que le enseñó lo que es el placer.

Y aquella promesa que había hecho, la había roto en aquel momento. Sus labios empezaron a moverse al compás de su ángel. Sus manos se posaron en el rostro de aquel chico de piel adictiva, aferrando más el beso.

Kevin se quitó la chaqueta y la playera sin dejar de besarlo. Estaba fascinado de volver a estar con él que no dejaría pasar la oportunidad, y más cuando sabía que él también lo deseaba. Kiseop simplemente se dejaba hacer, se dejaba tocar… se dejaba querer.

—Kevin…—susurró al sentir la mano de su compañero en aquella zona delicada. Su cuerpo se contrajo al sentir su agarre.

Sus prendas iban cayendo lentamente en el piso, dejando ver sus cuerpos desnudos, iluminados por aquellos rayos de sol que se filtraban a escondidas.

Sus labios danzaban con un ritmo simétrico, con uno que ambos conocían desde hace mucho tiempo, pues ellos habían puesto cada paso, cada detalle. Kiseop recorría con sus manos la espalda del chico, quien no dejaba de besarle con toda aquella pasión encerrada.

Sus cuerpos se movían lentamente, acompasadamente, seductoramente…

Ambos estaba en completa sintonía.

Lentamente, Kevin bajó su mano hasta tomar posesión de la firmeza de su compañero, quien dejó escapar un gemido de placer al sentir aquel agarre. Complaciendo a su amigo y a su amante, haciendo movimientos lentos y rápidos. Mezclando besos húmedos y lujuriosos por todo su cuello y parte de su pecho.

—¡Kevin!—Volvió a gemir sintiendo su erección crecer.

El chico simplemente sonrió complacido, besando aquellos labios que jamás olvidaría, que jamás dejaría, se posesionó de su cuerpo, acomodándose para tomarlo como aquellas veces.
Lo preparó, lo deleitó antes de entrar en él con suavidad.

La habitación se lleno de placer, de gemidos acompasados por los movimientos rítmicos y pausados de ambos. Las gotas de sudor resbalaban lentamente por ambos cuerpos, que gracias a la luz del sol parecían pequeñas perlas doradas recorriendo un camino largo.

Los movimientos empezaron a hacerse más rápidos, sus respiraciones entrecortadas y los gemidos daban a notar su satisfacción, el gozo del momento y el cierto cansancio de aquellos momentos. Pero nada importaba más que ellos, porque estaban juntos, a pesar de todo…

Uno dependía del otro así como este de él. Era un circulo vicioso que jamás terminaría, porque ambos estaban ahí, demostrando eso mismo, dando a entender que por nada del mundo dejarían de quererse, de amarse con esa pasión con la que lo demostraban…

CeCe

Licencia Creative Commons
Dependencia por CeCe {Rubí hernández} se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.
Permisos que vayan más allá de lo cubierto por esta licencia pueden encontrarse en http://cecebones.wordpress.com.

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